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El miedo también frena la comida a domicilio

Las pocas empresas que aún ofrecen ese servicio en Valladolid viven “serias dificultades” para seguir adelante ante la caída de pedidos y la ausencia de clientes

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“Todo el mundo pensaba que con la declaración del estado de alarma y la restricción de movimientos la venta de comida a domicilio se dispararía, pero la gente tiene miedo. Además, todo el mundo ha llenado sus despensas, y si te ves obligado a estar en casa, con el frigorífico lleno y mucho tiempo libre, es probable que para no aburrirte decidas cocinar”.

La reflexión es de Víctor Albuena, gerente de Servi-pollo, un restaurante de comida a domicilio que dio sus primeros pasos en Valladolid hace ya 35 años, cuando su padre, Victorino Albuena, abrió la primera tienda en la esquina de la calle Gallo con Pelícano, en el barrio Pajarillos. En la actualidad, además de esa tienda, donde comercializan productos frescos y de alimentación, cuentan también con dos establecimientos de reparto a domicilio en las calles Hípica y Amor de Dios, aunque el hundimiento de los pedidos le ha obligado a cerrar momentáneamente el establecimiento de Amor de Dios.

“Los pedidos a domicilio han descendido una burrada, y como te permiten estar abierto al público no puedes hacer un ERTE total y tienes que hacerlo parcial. Burger King y Telepizza lo han solicitado total y se lo han rechazado”, explica antes de resumir: “En la vida habíamos pasado por algo similar, ni durante la crisis. Es un desplome total. Y además se está vendiendo la moto de que con la comida a domicilio nos estamos forrando y es totalmente falso”, recalca, apuntando que “la venta de pollo se ha hundido un 90 por ciento y el pedido a domicilio es una ruina ahora mismo”.

 

Miriam Chacón / ICAL. Pablo, del restaurante Vikingos del barrio de la Rondilla, ofrece reparto de comida a domicilio

 

Otra piedra en el camino

Testigo de ello es también Ricardo Mínguez, propietario junto a su socio Juan Antonio Martín de la Sushitería, en el acceso a la Plaza Mayor por la calle Manzana. El establecimiento, que comercializa productos delicatessen de comida japonesa desde 2011, puso en marcha solo un año después de su apertura el servicio de reparto a domicilio. “Los pedidos han caído más o menos a la mitad, y las entradas a la tienda se han limitado a tres o cuatro personas en toda la semana”, lamenta.

Además, en su caso, la situación se agrava ya que la irrupción del coronavirus les ha pillado cuando todavía están intentando levantar cabeza de otra situación que les condujo a otro brusco frenazo de los ingresos: las interminables obras del parking de la Plaza Mayor de Valladolid, que durante diez meses (del 22 de octubre de 2018 al 5 de agosto de 2019) restringieron el acceso a su local impidiendo que cualquiera que no les conociera de antemano supieran siquiera que estaban ahí. “Las pérdidas de ese año las tenemos reclamadas al Ayuntamiento, pero tras haber sobrevivido a aquello, que fue muy importante, ahora llega otro problema aún peor, que ha reducido aún más la facturación”, explica.

Mínguez confía en que la situación actual pueda reconducirse para intentar “volver a la normalidad cuanto antes”. “Los dos socios somos los únicos trabajadores, así que no podemos plantear ERTEs ni nada similar, estaríamos obligados directamente a cerrar”, señala. Sobre las condiciones con que realizan el reparto de sus productos, explica que tras el pago previo con tarjeta, realizan la entrega con mascarilla y guantes, dejando el pedido en el felpudo del cliente tras avisarle, con lo cual, al estar la puerta cerrada, “no hay contacto directo con el cliente de ningún tipo”.

 

Calma tensa

También mantiene su servicio de reparto de comida a domicilio Pablo Jerez, propietario de la Brasería Vikingos, una taberna especializada desde hace veinte años en cervezas y carnes a la brasa ubicada en la calle Nebrija, en La Rondilla. A través de plataformas como Just Eat, Deliveroo y Glovo realizan entregas, y los propios clientes, si han realizado el pedido por teléfono, pueden pasar a retirar su compra “sin entrar en ningún caso en el establecimiento”.

Jerez apunta que la caída de la caja ha sido muy notable, ya que la principal actividad del establecimiento es como bar y esa función está ahora prohibida por decreto. En los pedidos para llevar sí ha percibido “un aumento en el número, pero con un importe medio mucho más bajo”. “Antes un pedido solía estar entre veinte y cuarenta euros, y ahora muchas veces se limita a un bocata y unas patatas, cosas para una sola persona”.

En su caso, como todos, también está expectante ante la evolución de la situación. “Así no podremos aguantar mucho. Tener la opción de servir pedidos está bien, porque algo vas sacando, pero hay que pagar alquiler, luz y otros gastos, y la ayuda del Gobierno no llega ni para el alquiler. Si tienes la suerte de que vienes de una temporada buena, como nos podido pasar a nosotros en Navidad, puedes subsistir uno o dos meses, pero para quien lo haya tenido difícil antes ahora tiene que ser imposible”, reconoce.

 

Apuesta

Miriam Chacón / ICAL. Jose, repartidor de Servipollo, empresa que continúa con el servicio de reparto de comida a domicilio durante la crisis del coronavirus

por las pymes

Víctor Albuena, de Servi-pollo, comenta que las ventas también se han detenido de forma presencial en su establecimiento en Pajarillos. En ese sentido, apunta que no encuentra explicación para el fenómeno que se ha producido en todo el país con los supermercados de Mercadona: “Incluso clientes que toda la vida han comprado en Lupa ahora prefieren hacer horas de cola y comprar en Mercadona. En el de la calle Cigüeña la policía tuvo que levantar un atestado el otro día a dos señoras que se liaron a golpes por un pollo, cuando aquí no tendrían problema para comprarlo. Estaría bien recordar a la gente que las tiendas pequeñas tienen casi todos los productos”, desliza.

En ese sentido, pide que la población potencie el pequeño comercio que se ve forzado a abrir sus puertas estos días. “Nos obligan porque no nos conceden nada. Soy autónomo y vamos a tener que pagar todos los impuestos; no me dejan cerrar y la gente se está yendo al Mercadona”, lamenta.

A su juicio, el futuro se presenta “muy negro” ante el reto de “levantar la nación” cuando se haya superado la batalla contra el virus. “España se ha mantenido tradicionalmente gracias al pequeño negocio aunque no lo creamos. Nunca nos han ayudado, siempre nos han machacado, y ahora llega esto… Las pymes son las que tiran de este país”, defiende además de acusar a las grandes empresas de que “le cuestan dinero al Estado, cuando no es con un ERE es con una subvención o con otra cosa”.

“El pequeño comercio paga y no recibe nada”, concluye antes de advertir que piensa seguir “al pie del cañón”. “Lo importante ahora es no enfermar, evitarlo, salir de esta, y luego nos enfrentaremos a lo que venga cuando toque”, remacha.

 

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