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Fuerza de choque contra el virus

Miles de entidades locales de Castilla y León facilitan la vida a sus vecinos para hacerles la compra, desinfectar las calles junto a agricultores e incluso llevar libros a sus hogares para pasar el estado de alarma

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Miguel Delibes relató en El Camino que “las calles, la plaza y los edificios no hacían el pueblo, ni tan siquiera le daban fisonomía, sino que a un pueblo lo hacían sus hombres y su historia”. El escritor vallisoletano dio en el clavo hace ahora 70 años, pues la sociedad rural de esta tierra en aquella dura posguerra se asemejaba en algunos conceptos a la actual del estado de alarma, salvando el contexto. A día de hoy, los pueblos de Castilla y León siguen posibilitando ejemplos que permitirían novelar otro libro. No son pocas, más bien muchas, las entidades locales de una Comunidad predominantemente rural y dispersa, en la que sus alcaldes, agricultores y ganaderos se han puesto manos a la obra para facilitar la vida a sus vecinos de forma altruista: hacen la compra a sus mayores para que no salgan de sus casas, desinfectan las calles con medios propios, lejos de la ayuda de la UME, e incluso llevan libros de las bibliotecas para pasar lo más entretenidos posibles este escenario desconocido.

Quizás no hay mejor momento para releer a Delibes, ahora que se celebra el centenario de su nacimiento, que en un momento de confinamiento social. Con las reflexiones del autor, el lector podría trasladarse, desde el sofá de su salón, a los encinares que definió y en los que cazó, al Valle de Sedano, a las calles de Valladolid o a cualquier punto de la montaña o meseta española, puntos todos ellos de los que admitió estar enamorado.

Lo sabe bien Javier García Rojo es uno más de los alcaldes de pequeños localidades que estos días están echando el resto por su pueblo. Justo en el momento de la conversación se encuentra por las calles de Pollos (Valladolid), junto a dos de sus concejalas, repartiendo gel para desinfectar por todas las vivienda. “Hemos elaborado una mezcla con agua y lo hemos llevado a todo el pueblo. La semana que viene volvemos a repartir”, sentencia García Rojo, sobre un material que ha asumido el Consistorio, con la compra de garrafas por valor de 400 euros.

Pero esta localidad vallisoletana de 600 habitantes ha puesto en marcha una iniciativa novedosa en tiempos de confinamiento. Cuentan con una biblioteca con más de 14.000 libros, todos ellos regalados desde hace más de diez años y gestionada altruistamente por una persona del pueblo ya jubilada. “El bibliotecario me propuso si repartíamos libros a la gente asidua. Me pareció genial. Entonces introdujo libros en bolsas plastificadas y los repartimos. Ayer mismo recogimos los prestados y volvimos a llevar otros nuevos. Sobre todo gente anciana, de más de 80 años”, rememora.

Como el bibliotecario “es inteligente, conoce el gusto de cada vecino y no hace falta preguntarles antes qué libros quieren”, a pesar de que más de 200 personas tienen carné de socio.

Se trata de una acción que se complementa también con la compra del colectivo más vulnerable, “porque no pueden salir”. Además, el Consistorio desinfecta el pueblo con los tractores casi a diario. “Nos estamos moviendo mucho y la gente está contenta. Ahora estoy sin trabajar por el estado de alarma y me decido en cuerpo y alma al pueblo”, comenta.

 

ICAL. El alcalde de Pollos (Valladolid), Javier García Rojo (D), y un vecino de la localidad se dirigen a entregar libros a los habitantes del pueblo procedentes de la biblioteca

 

Un potencial hospital de campaña

En Ágreda (Soria), una localidad donde no hay infectados confirmados por coronavirus (solo dos posibles sospechosos en la residencia Nuestra Señora de los Milagros) se han puesto en marcha numerosas iniciativas para desinfectar y mantener limpias las calles y zonas sensibles y, por otro, para que las personas más vulnerables no salgan de casa y tengan cubiertas sus necesidades. Así, el Ayuntamiento limpia las calles a diario con un pulverizador y vierte 5.000 litros de agua con lejía al día, a lo que se suma la ayuda de los bomberos de la Diputación en las avenidas principales y los polígonos industriales.

Los voluntarios de Cruz Roja, la Parroquia y algunos empleados municipales llevan la compra a los más mayores y a las personas con riesgo. El alcalde, Jesús Manuel Alonso, señala que los empleados municipales, incluidos los que trabajan en la guardería, se han unido a prestar servicio ante la alarma sanitaria, con el objetivo de mitigar el Covid-19. “Se trata de evitar que la gente se contagie y preservar a los más vulnerables”, dijo.

El Ayuntamiento ha puesto a disposición de la Subdelegación del Gobierno y la Unidad Militar de Emergencia la posible conversión del Instituto Margarita de Fuenmayor en hospital de campaña. Este edificio, que fue donado por la Junta tras la construcción de un nuevo centro educativo, cuenta ya con 300 literas. “El año pasado lo equipamos para acoger a los participantes de las competiciones de balonmano que se celebran en la localidad. Creemos que, en el caso de que el virus llegara a Ágreda, podríamos utilizarlo”, aconseja.

En otras localidades más pequeñas también se hacen labores de desinfección a diario. Es el caso de Hinojosa del Campo, donde su alcalde y diputado provincial, Raúl Lozano, se encarga de limpiarla él mismo, así como Tajahuerce.

 

Aplausos, rezos y lloros

En la comarca de Toro, a apenas 30 kilómetros al noreste de la capital zamorana, se encuentra Malva, una localidad con apenas 120 habitantes que, mucho antes de virus y confinamientos, luchaba, como tantas, para intentar salir adelante y vislumbrar un futuro acechado por la despoblación y el envejecimiento.

La vida en Malva, donde la realidad pasa por cultiva trigo, cebada y vezas para forraje, es muy distinta a la de las ciudades, es decir, mucho más auténtica, y la respuesta de los vecinos ante la amenaza del coronavirus ha sido fulminante. “Empezaron a llamarme nuestros agricultores. Se me ofrecieron todos, empezando por mi hijo, para desinfectar el pueblo con tractores y cubas”, explica con emoción a Ical la alcaldesa, Adela Calleja. “Aquí pensamos unos en otros y estamos orgullosos de nuestros vecinos. La gente sale a comprar de forma muy responsable para coincidir en la tienda lo menos posible”, asegura.

La solidaridad no se detecta solo entre los vecinos, sino también con el resto de pueblos de la provincia. De hecho, Malva rechazó la ayuda de la Diputación para los trabajos de desinfección por contar con recursos propios. “Me llamaron pero les dijimos que, de momento, nos apañamos. Tenemos un alguacil que va con su mascarilla a echar a la tienda”, explica, en referencia a la mezcla de agua con un 25 por ciento de lejía. “El Ayuntamiento y el consultorio médico no abre y los tractores pasan con frecuencia para desinfectar. Somos un pueblo humilde pero todavía tenemos para comprar lejía”, subraya.

De hecho, el Ayuntamiento de Malva ha comprado 400 litros de lejía que los agricultores han esparcido por las zonas de mayor tránsito del pueblo para asegurar la desinfección. “Salimos a aplaudir, me pongo a rezar y lloro todo lo que quiero. También lloro cuando salgo aplaudir y me quedo a gusto”, asevera Adela, con vehemencia.

 

ICAL. Un tractor realiza labores de desinfección en la localidad zamorana de Malva

 

Morcilla solidaria

En Roa (Burgos), también los agricultores están ayudando de manera voluntaria con la desinfección de las calles. “Empezaron los servicios municipales y cada vez se están involucrando más agricultores”, cuenta el alcalde del pueblo, David Colinas. Además desde la propia parroquia se informó a los vecinos del pueblo que si necesitaban que se les acercasen alimentos, se pusieran en contacto con ellos, para que les ofreciesen su ayuda.

Peculiar es el caso de Cardeñadijo, donde un vecino, dueño de la empresa Embutidos Cardeña, Roberto Da Silva, repartió 350 kilos de morcilla de Burgos entre los vecinos del pueblo, debido a que la situación actual que afronta el país le ha llevado a vender menos en las tiendas. Por ello decidió distribuir el excedente de producción que tenía. Además ha puesto a la venta varios de sus productos a precios más reducidos, ofreciéndose a entregarlos directamente en el domicilio de los vecinos.

Asimismo, tal y como relata la alcaldesa, Daniela Grijalbo, el pueblo también se ha organizado para coser mascarillas solidarias para personas que lo necesiten. Para ello trabajan cerca de 21 personas. “Es una gozada la respuesta de la gente, hay una ola de solidaridad, todo el pueblo es uno”, afirma la regidora.

Esta iniciativa también se desarrolla en pueblos como Palacios de la Sierra y Vilviestre del Pinar. En este último, analiza su alcaldesa, Mayra Para Mediavilla, las mujeres que residen en el pueblo durante todo el año están fabricando mascarillas de tela, que están repartiendo a todo el pueblo para que todos los vecinos puedan contar con esta protección. Además, el Ayuntamiento ha puesto a disposición de las personas mayores su coche oficial para que, en el caso de no poder salir de casa, se les lleve la compra. “Llaman a la tienda, les preparan el pedido y el alguacil se lo deja en la puerta”, subraya Para.

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