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Por un recreo libre de residuos

Alumnos del Colegio Blanca de Castilla de Burgos elaboran un ‘portabocadillos’ ecológico que será presentado en marzo en Madrid ante 21 centros de toda España

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Ricardo Ordóñez / ICAL Fabricación de bolsas reutilizables que se usan en el recreo del colegio Blanca de Castilla para cuidar el medio ambiente

 

Preocupados por el aspecto que presentaba el patio de su colegio tras el recreo, donde abundaban los papeles y restos de comida, los alumnos de cuarto de primaria del Colegio Blanca de Castilla de Burgos decidieron elaborar un ‘portabocadillos’ ecológico, que permita generar menos residuos, y con ello cuidar el medio ambiente.

Enmarcada dentro del movimiento internacional ‘Design for change’, esta iniciativa busca concienciar a los jóvenes acerca de la importancia de cuidar su entorno más cercano, a través de pequeñas acciones como pueden ser no tirar papeles al suelo, o desperdiciar la comida.

La iniciativa ‘Design for Change’, nace en la India, con el objetivo de ofrecer a los niños y jóvenes la oportunidad de poner en práctica sus propias ideas para cambiar el mundo, desde su propio punto de vista y en su entorno. Se trata de un modelo educativo que utiliza una metodología en cinco fases: siente, imagina, actúa, evolúa y comparte; a través de tres aspectos del aprendizaje: la empatía, el pensamiento creativo y el trabajo en equipo.

“La idea de la Fundación Jesuitinas es que esta metodología forme parte del trabajo diario de los colegios, para que sea una dinámica que podamos usar”, explica a Ical el director del centro, Víctor Mendiguchía.

Es la primera vez que se pone en marcha este proyecto en el colegio, aunque lleva años realizándose a lo largo de todo el mundo. Cada colegio de la congregación ha elegido un aspecto a mejorar dentro del centro, y en el colegio burgalés se quiso incidir en la temática del medioambiente, puesto que consideran que es importante concienciar a los pequeños en este aspecto.

A principios de enero, las tres profesoras de cuarto curso, Verónica Muñoz, Laura Sebastián y Cristina García, propusieron a sus alumnos participar en esta iniciativa, buscando un entorno dentro del propio colegio que se pudiese mejorar, como fue en este caso el patio del recreo.

 

Una mañana, tras sonar el timbre que daba fin al descanso, los 77 alumnos bajaron a observar el patio y la imagen que se encontraron les conmovió. Papeles, plásticos, restos de comida abundaban por el suelo, ofreciendo una imagen que removió sus conciencias, tal y como recuerdan sus profesoras.

Una vez de vuelta en sus clases, los pequeños les explicaron a sus tutoras que era una imagen que nos les había gustado nada, y que incluso les había hecho sentirse mal. “Dijeron cosas como me he sentido avergonzado, me da mucha pena o me siento irresponsable”, recuerdan las tutoras.

“Tienen una sensibilidad especial, además es un tema que está muy en boca de todos, es muy actual, no solo los medios de comunicación, sino el entorno más inmediato. Se están dando pequeños pasos, pero muy importantes” continuó explicando la tutora de 4º A, Verónica Muñoz. “Están viviendo un proceso de cambio desde hace bastante tiempo, y la verdad es que son niños bastante sensibles”, añadió otra de las tutoras, Cristina García.

Esto les llevó a replantease la manera en que la gente desperdicia la comida o cómo ensucia su entorno. Fue en ese momento que entre uno de los grupos salió la idea de elaborar un ‘portabocadillos’ que permitiese a los alumnos llevar su almuerzo, con la idea de evitar el uso de plásticos y papeles que luego no se pudiesen reutilizar. Estas originales bolsas de colores, están hechas con telas “sostenibles”, de diferentes tamaños y fáciles de lavar, para que se puedan utilizar en múltiples ocasiones.

“No es tanto la idea de que haya alguien que recoja lo que tiramos, sino intentar no tirar y generar menos residuos”, explica una de las docentes. “No es mal limpio el que limpia, sino el que no mancha”, afirma el coordinador de infantil y primaria, Sergio Sevilla.

 

 

Proceso

Los pequeños se han encargado de elaborar los patrones y de cortar las telas, que después cosieron los familiares de los niños en un taller de costura que organizó el colegio, y en el que ayudaron también las religiosas de la congregación de las Hijas de Jesús. Desde la organización del colegio pretenden elaborar en principio 500 ejemplares, aunque no cierran las puertas a aumentar la tirada, dado el éxito que está teniendo la iniciativa.

Los alumnos serán los encargados de vender los ‘portabocadillos’ en el patio del colegio, a finales de febrero, a un “precio popular”; y el primer fin de semana de marzo, seis niños, dos en representación de cada clase, viajarán a Madrid para participar en una gala a nivel nacional donde presentarán sus proyectos ante los 21 colegios de la congregación. Parte del dinero que se recaude con la venta de estas bolsas para los bocadillos irá destinado a la Fundación Educativa Jesuitinas, que este año colaborará en un proyecto para paliar la desnutrición de niños en la República Dominicana.

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