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El cordón del Nazareno que eligió a una niña para Dios en León

En el siglo XVII el cordón de la figura del Jesús Nazareno trató de llevarse consigo a una niña, que terminó por ingresar en Convento de las Clarisas Descalzas como son Juana María de San Agustín

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Cuenta la leyenda que el día de Viernes Santo del año 1642, en el momento en el que la figura del Jesús Nazareno, “el Nazareno grande” pasaba por enfrente de la Catedral de León, el cordón que llevaba a su cuello “cogió a una niña en el aire y la transportó unos metros”.

Un “transporte” que, según explica el cronista oficial de la ciudad de León, Máximo Cayón, hizo que la madre de esa niña, que en aquel momento tenía once años de edad, comprendiera que tenía que profesar, “algo que hizo en el convento de las Clarisas Descalzas con el nombre de sor Juana María de San Agustín.

En concreto, según se relata en el libro ‘Semanas Santas Leonesas’ y en otras recopilaciones al respecto, la niña y su madre se encontraban ante la Pulchra Leonina viendo la procesión cuando, en el momento en el que el paso de Jesús Nazareno se paró ante ellas, la niña comenzó a quejarse.

Una queja en la que expresaba que parecía que alguien le estaba moviendo y que, a pesar de la riña de su madre, se volvió insistente. Sin embargo, tal era la razón de la joven que, en el momento en el que el paso reanudó su camino, la niña fue arrancada del lado de su madre quien tiró de ella para detener su partida, consiguiendo que la marcha del Nazareno se las llevara a ambas.

 

 

Tras la pausa de la procesión ante los gritos de la mujer, esta comprobó que la figura de Jesús Nazareno tenía atada a su hija con el cordón que llevaba en su cuello, que había dado tres vueltas, dos de ellas alrededor de los hombros y una última en la cintura.

Este milagro legendario fue interpretado por sus protagonistas y presentes como una elección divina de la niña para que fuese dedicada a Dios, lo que hizo que ingresara en el Convento de las Clarisas en 1647, donde incluso llegó a ser abadesa.

Según detalla Máximo Cayón, el cordón que “obró milagro” es similar “a una soga de esparto de cuatro metros de longitud” y se encuentra guardado en una caja de madera en el convento de las Clarisas Descalzas de la ciudad de León y que la única vez que salió de ahí fue el Viernes Santo del año 2005, “cuando lo llevó el titular de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno”.

“Desde entonces, nunca más se ha vuelto a sacar, pero en compensación espiritual, el Nazareno ofrece todos los Viernes Santo un ramo de flores al convento, lugar en el que para la procesión y de donde las clarisas salen a rezar una oración”.

 

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