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El cuadro que suena 400 años después en Medina de Rioseco (Valladolid)

El compositor Pablo Toribio Gil publica un libro sobre la historia de la música en Medina de Rioseco, que profundiza en un peculiar lienzo de la Inmaculada, del siglo XVI, que cuenta con una partitura real

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“Es muy emocionante hallar, escuchar y poder interpretar una canción que probablemente lleva más de 400 años sin sonar y que ha estado oculta en un cuadro”. El compositor, licenciado y doctor en Musicología Pablo Toribio (Medina de Rioseco, 1974) ha dedicado parte de su investigación en los últimos años a indagar en una partitura que se encuentra en un lienzo, anónimo castellano, que representa a una Inmaculada Concepción, festividad que se representa mañana, rodeada de un grupo de ángeles cantores y músicos que se fijaban en una canción. Cuatro siglos después, Toribio ha trasladado esas notas a su piano. “Es una canción muy bella, su música merece ser escuchada, máxime tras tanto tiempo en el olvido”, asiente.

Esta investigación forma parte del libro ‘La historia de la música en Medina de Rioseco’ (Editorial Aruz), que se encuentra en imprenta y que se presentará el 19 de diciembre en el Teatro Principal de la localidad, en un acto en el que la banda municipal, también protagonista del documento, tocará algunas canciones que llevaban sin sonar casi cien años, descubiertas por Toribio en su trabajo.

 

Eduardo Margareto / ICAL. El compositor, licenciado y doctor en Musicología Pablo Toribio, junto al párroco de la iglesia de Santa María de Rioseco, observan el cantoral donde ha encontrado una partitura de Tomás de Calderón músico de esta iglesia en 1751 cuando escribió el cantoral. Pablo Toribio ha interpretado la partitura

 

Pero es el cuadro de la Virgen con el Niño, de finales del siglo XVI (1580-1590), el que acumula más elogios e inquietudes. Primero, por su procedencia, pues tal y como recuerda la guía del Museo de San Francisco, Marilé Rey, corresponde a la colección procedente del Convento del Carmen de la Ciudad de los Almirantes, que en los últimos años ha estado envuelto en polémica por las monjas que anteriormente lo ocupaban. Segundo, por lo poco habitual de encontrar una madre con un Niño Jesús junto a la iconografía de la Inmaculada Concepción, con la mandorla, los rayos de sol y la media luna a sus pies sobre una serpiente. Y tercero, por contener una partitura real, de ahí que sea un cuadro con cierta musicalidad.

Según Pablo Toribio “el lienzo, fruto de un pincel muy diestro, recoge musicalmente aspectos muy interesantes”. “Los ángeles están interpretando música con un virginal, un arpa, un laúd, una vihuela, chirimías, panderetas, una guitarra y un cuerno renacentista. Los instrumentistas observan a la Virgen mientras que los cantores miran las notas musicales de una partitura que representa una ‘fuga a tres’”, resalta este musicólogo, director del centro educativo CEPA Villa del Duero de Tordesillas.

 

 

El autor del cuadro “ha sido muy cuidadoso a la hora de poner cada nota en el pequeñísimo pentagrama, porque el más mínimo error en la disposición de las figuras musicales hubiese supuesto romper la estructura sonora del canon”, sostiene mientras señala cada punto del lienzo. Sin embargo, está todo “de forma precisa”. Incluso, uno de los ángeles hace ademán de dirigir a los demás. “Se podría afirmar que es la canción polifónica más antigua de la localidad, con más de 400 años”, sentencia.

 

Balcones enfrentados

Un elemento importante en el libro es la iconografía, que aborda desde los primeros vestigios encontrados en las inmediaciones de la localidad, como un elemento sonoro, de más de 2000 años, a un ‘David’ tocando el arpa, otros en la iglesia de Santa María o en la famosa custodia de Antonio de Arfe (siglo XVI). Pero, en la iglesia conventual de San Francisco, llama la atención la presencia de dos balcones enfrentados, que datan de 1536. “Si una vez colocado un órgano en cada tribuna, fueron usados a la vez, cada uno acompañando a un coro con material melódico distinto al otro, el templo de San Francisco pasaría a convertirse en uno de los primeros lugares del país en desarrollar la policoralidad”, argumenta Toribio, autor de numerosos artículos y de varios libros como ‘La misa en España durante la primera mitad del siglo XVIII a través de la obra de Antonio Yanguas’ o ‘La música en la Semana Santa de Medina de Rioseco’.

En esa época, Medina de Rioseco era un punto geográfico de enorme relevancia nacional gracias al Almirantazgo de Castilla. Por eso, si el almirante Fadrique II Enríquez contó en la localidad con los mejores en sus disciplinas, como el escultor Juan de Juni o el rejero Cristóbal de Andino, autor de la reja de la Capilla del Condestable de la Catedral de Burgos, “en música no iba a ser menos y trajo al maestro Gabriel Mena, compositor de ‘La dulce mi enemiga’, que “fue uno de los grandes éxitos de su tiempo” y aparece en varias ocasiones en el Quijote.

 

 

Eduardo Margareto / ICAL. Museo de San Francisco de Medina de Rioseco

 

Cantorales

Fueron muchos los cantorales, a lo largo y ancho de Castilla y León, que desparecieron con el paso del tiempo. En el caso de Medina de Rioseco la ocupación francesa tuvo mucho que ver. Pero algunos de ellos se salvaron. Es el caso del Cantoral número 5, “muy interesante porque todo indica que fue llevado, para que fuesen interpretadas sus obras, a las iglesias de Santiago, Santa María y Santa Cruz”. Destaca en los cantorales una pequeña pieza musical de Tomás de Calderón, maestro de capilla que, en 1751, aprovechó “un hueco del cantoral para dejar escrito un canon infinito a tres voces realmente bello. Además, la limpieza de la escritura y la ausencia de correcciones evidencia que Calderón dominaba muy bien el contrapunto”, expresa Pablo Toribio.

“Es evidente que si el músico más importante de Rioseco en esta época compuso este canon, fue para ser cantado”, reflexiona Toribio, reconocido compositor que ha escrito distintas obras para piano, coral, bandas sonoras, obras sinfónicas, orquestales y música de cámara cuyas piezas han sonado por distintos rincones de Europa.

En todo caso, alaba también la labor de mantenimiento de quienes durante años evitaron la desaparición de estos cantorales. “Cuando se perdieron o estropearon varias de las hojas, fueron otros organistas los que copiaron estos cantos. Gracias a ellos no se han perdido y además sabemos por sus anotaciones qué obras se han interpretado”, subraya.

 

 

 

El siglo XX

El comienzo del siglo XX en Medina de Rioseco fue musicalmente fascinante pues, tal y como se relata en el libro, existieron orquestas de cámara, corales, agrupaciones de cuerda, bandas sinfónicas, academias de música, conciertos de piano, óperas y zarzuelas. También, en sus teatros y salones actuaron “las más renombradas artistas del país”. Se profundiza en la historia de estas formaciones y se han recuperado canciones autóctonas de distintos años (1590, 1751, 1897, 1924, etc…) que serán expuestas en partitura con un enlace al blog de su autor para que puedan escucharse tras tanto tiempo perdidas en el tiempo.

Un capítulo muy importante es el de la música del carnaval, con imágenes de época nunca publicadas hasta ahora, los cantos a la Virgen de Castilviejo, la historia de las exitosas rondallas, las corales o los conjuntos musicales de los años 50, 60 y 70 y la curiosa historia del origen de la banda municipal de música, que intervendrá el 19 de diciembre en el Teatro Principal de Rioseco en la presentación del libro. Y por supuesto, la historia de la música en la Semana Santa, aspecto en el que Toribio es un especialista.

Por último, este libro, que ha tardado cuatro años en escribirse, finaliza con un capítulo de anécdotas musicales que trasladará al lector a otras historias más amables, con una sorpresa musical que se esconde en lo más alto de la torre de la iglesia de Santa María…

 

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