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El medio rural de Soria exhibe su músculo con una ‘vuelta al cole’ con mayores certezas frente al COVID

En Quintana Redonda, el Colegio Río Izana suma 28 alumnos y son hermanos, primos o amigos por lo que podría haber sido “un grupo burbuja”

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Concha Ortega / ICAL . Los niños del CRA de Quintana Redonda durante el recreo con zonas de juego separadas para cada grupo

 

No tienen 5G ni grandes centros comerciales con multitud de posibilidades de ocio, pero hoy los niños y padres de los colegios del medio rural soriano han acudido a los centros escolares con “mayor certeza y seguridad” que los urbanitas.

Los padres de los pueblos de Soria reconocen que sus hijos también están expuestos al COVID-19, pero consideran que tienen menos posibilidad de contagio que si mandasen a sus pupilos a un gran centro con 700 niños de la ciudad soriana. Hoy, más que nunca, se evidencia que criarse en un pueblo tiene ventajas. En casi todos los colegios del medio rural soriano sobra sitio en las aulas.

En el Colegio Rural Agrupado del Río Izana de Quintana Redonda no ha habido reencuentros. Todos se conocen. El que no es primo es hermano y sino amigo o vecino. Lo único que ha cambiado es que deben llevar llevar su ‘kit’ antiCOVID en la mochila.

Es por esta razón que la directora del centro, Laura del Prado, señala que, a pesar de que han tenido que acatar las normas impuestas por la Dirección Provincial de Educación, respecto a entradas y salidas y escalonamientos de recreo, la ‘Vuelta al Cole’ se podía haber organizado a la perfección con un solo grupo burbuja de convivencia.

En total los niños del colegio de Quintana ocupan tres aulas, que han sido divididos en otros tantos grupos estables de convivencia, uno de infantil con once niños y otro con otros siete que cursan primero y segundo de primaria y el último, denominado “otros grupos”, integrado por los alumnos de tercero, cuarto, quinto y sexto de Primaria, que suman diez.

“Los 28 alumnos que estas tres aulas podrían haber sido perfectamente un grupo estable de convivencia, no obstante, es preferible seguir las normas por seguridad. Un alumno de primero de Primaria es hermano del de sexto y juega en el pueblo con el tercero. Es decir, todos tienen vínculos estrechos”, justifica la directora dando a entender que en el colegio no mantendrán contacto pero fuera sí.

 

 

A pesar de que se sienten seguros, la docente reconoce que la “seguridad total no existe en ningún sitio”, ya que el virus no da tregua y alude que la comunidad científica recalca que a mayor espacio y menor aglomeración, menos riesgo, por lo que los niños de Quintana tienen menos posibilidades de contagiarse del virus. “Es evidente que no es lo mismo acudir a un centro con 500 niños que a otro con 28”, razona.

En la clase de los niños denominada ‘Otros grupos’ (a partir de tercero de primaria) la distancia de seguridad es mayor a la impuesta de 1,5 metros. El aula es tan espaciosa que hubieran cabido otros diez sin apretones. Lo único que ha variado en el centro es que el espacio que utilizaban para comedor, que hacia las veces de biblioteca, sala de profesores y de informática, ha pasado a ser únicamente “comedor” y los niños deberán comer en dos turnos.

Laura del Prado asegura que llevan todo el verano trabajando para una “vuelta al cole segura” en un colegio familiar y cercano. Mientras que los padres de los alumnos de Soria han tenido las reuniones de inicio de curso “vía on line”, en el mejor de los casos, o a través de comunicados o correos electrónicos, la directora pudo reunirse antes del inicio de curso con los progenitores en un museo enorme cedido por el Ayuntamiento. En esa reunión cara a cara se explicaron las medidas antiCOVID comunes en toda Castilla y León y se resolvieron las dudas. Un contacto entre la comunidad educativa y las familias que, en su opinión, “ha calmado los miedos y las inseguridades”.

 

Profesorado

En este centro la comunidad docente está conformada por ocho profesores, uno más que acude desde Almazán, puntualmente, a impartir la materia de religión y el terapeuta que también lo hace en días alternos.

La única preocupación de ‘la vuelta al cole con COVID’ que genera Marta González, madre de dos niños, es que algún profesor enferme y tarde en llegar el relevo. Por los demás, está tranquila, sus dos hijos de ocho y cuatro años han ido al Río Izana uno con mascarilla y otro sin ella con “ilusión renovada a aprender y ser felices”.

Coincide con la directora que con facilidad se podía haber hecho un “grupo burbuja”, ya que en Soria hay aulas con 25 alumnos y en el colegio del pueblo en total son 28 . “Aquí el contacto es estrecho y todos van al parque, por lo que no tengo miedo de llevarles al colegio. Creo que se pueden contagiar en mayor medida cuando vamos a comprar”, relata.

Asimismo, cree que la Junta de Castilla y León ha impuesto unas normas correctas aunque han tardado en darlas a conocer, y emplaza a la sociedad a tener paciencia y esperar a ver cómo evoluciona la pandemia. “A los profesores la ‘vuelta al cole 2020-2021′ les ha conllevado un trabajo ingente. Han tenido que organizar sobre lo organizado: hacer turnos de entrada salida, de recreo y otras cuestiones relacionadas con el distanciamiento y la higiene que conlleva mucho esfuerzo. Lo que no entiendo, la verdad, es cómo se han apañado en los colegios grandes”, ironiza.

Marta González matiza que hoy es, sin duda, un día de fiesta. Los niños necesitaban volver al colegio y a sus rutinas, porque, en eso no hay diferencia, para los niños del medio rural la cuarentena también ha sido dura.

“Yo como madre y los demás padres de Quintana nos sentimos seguros. Si hay un contagio será fácil de localizar y aislar. Eso sí seguramente todos quedarían confiados y el colegio clausurado porque casi todos se relacionan entre sí de una manera u otra”, destaca.

El medio rural soriano, a pesar de las limitaciones que tienen por la falta de conectividad o comunicaciones, en su opinión, hoy sí respira tranquilo con la “vuelta al cole”.

En Castilla y León un total de 347.575 alumnos han vuelto a las aulas con las medidas antiCOVID después de seis meses sin pisarlo, un 0.18 por ciento más que el curso pasado. Para hacer frente a la nueva situación, la Consejería de Educación ha desplegado a 1.105 profesores más que el curso pasado para Infantil y Primaria.

 

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