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El zamorano Daniel Pérez publica las memorias de Eusebio Rodríguez, el sanabrés que sobrevivió a la dureza del gulag ruso

El escritor y director del Teatro Principal de Zamora espulgó, junto a la familia, los cerca de 5.000 folios escritos a máquina por el protagonista, que “nunca permitió que sus hijas lo leyeran” hasta su muerte hace 16 años

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El escritor zamorano Daniel Pérez publicó recientemente las memorias de Eusebio Rodríguez, un sanabrés que sobrevivió a la dureza del Archipiélago del Gulag -del que escribió el Premio Nobel Aleksandr Solzhenitsyn-, después de luchar en la II Guerra Mundial en la División Azul, aunque siempre reconoció ser apolítico, y ser internado posteriormente en sucesivos campos de concentración durante doce años de lo que hoy es Kazajistán. Su historia ve la luz en ‘Los diario de Karagandá’ (Editorial Actas, 2020), las minas en las que trabajó durante varios años antes de regresar a España en el Semíramis.

 

Foto JL Leal/ Luis Pérez

 

La decisión de esta publicación forma parte, sin saberlo, del quehacer del propio Eusebio, quien durante años escribió todas sus vivencias en unas anotaciones algo “descabezadas” a las que pusieron orden sus hijas, Inma y Begoña, y que Daniel Pérez, yerno del protagonista y a la vez director del Teatro Principal de Zamora, ha conseguido editar dando forma a esta historia de un superviviente.

“Por supuesto sabíamos que había estado en Rusia, pero nunca contaba nada. Le veíamos escribir a máquina y le preguntábamos qué escribía y nos dijo que no lo podíamos abrir hasta que muriera”, rememora ahora Pérez (Zamora, 1956), quien siguiendo el mandato de Eusebio comenzaron a espurgar esas memoras que su viuda, Delfina, guardaba como oro en paño. “Tenía muchos papeles. No era una redacción con idea de publicar, sino dejar un testimonio a sus hijas de lo que había pasado, recuerdos, poco ilegible porque saltaba de unas cosas a otras. Cuando valoramos la idea de escribir pensé en hacer una novela sobre esto, pero ello desvirtuaba la idea real de una vida impresionante”, argumenta.

Así, Pérez decidió ordenar la vida de Rodríguez en tres apartados y le añadió un “atractivo, un argumento y un interés”. Una primera parte que nace cuando el protagonista se encuentra en el hospital de Karagandá para recuperarse de las heridas sufridas por la dureza de aquel yermo plano que veía a diario y de los trabajos forzoso, y en el que se integró junto a presos de otros lugares del mundo, hasta el punto de ganar prestigio y dinero “gracias a su astucia”.

En ese primer apartado mezclaba recuerdos de su infancia en el pueblo, Ungilde, en Sanabria, y pensamientos suyos sobre el tiempo “en el que se quiso marchar lejos de una zona que estaba deprimida” y que le llevó, primero, al Seminario de Astorga, y después a enrolarse entre las fuerzas militares, donde le plantearon dos posibilidades: Sidi Ifni o la División Azul. “En la que salga primero”, respondió Eusebio. Y se encaramó hacia el este de Europa para luchar en la II Guerra Mundial, donde fue hecho prisionero en la batalla de Krasny Bor (en febrero de 1943), en los arrabales de Leningrado.

Este primer capítulo, denominado ‘Volver a nacer’, narra su paso por aquel hospital, donde a su llegada “le daban por muerto”, recuerda Pérez, en base a las anotaciones del propio Eusebio. Pero Sura, la enfermera que lo atendió, consiguió salvarlo. “Cuenta de forma humilde y honrada la resistencia tremenda de lo que va viendo”, matiza el escritor, sobre la vida de un hombre “que nace en un pueblo perdido del mundo, sin posibilidades, y muestra la historia de España cuando era pequeño, la Guerra Civil, la División Azul y después Rusia”, enumera.

Aunque el libro arranca en el final de su paso por Karagandá, es una vuelta al pasado con la que Pérez juega a la perfección. Así, la segunda parte cuenta, desde las anotaciones del propio Eusebio, su diario de esa guerra en Europa para la que se alistó en la División Azul, y cierra de nuevo, la tercera, sobre la cama de aquel hospital y su salida hacia España en el Semíramis y cuya llegada al puerto de Barcelona captó el director salmantino Basilio Martín Patino en la película ‘Canciones para después de una guerra’.

 

Un trabajo muy atractivo

No esconde Daniel Pérez que este trabajo “ha resultado muy atractivo”. De hecho, para contrastar todo lo que narraba Eusebio en aquellas memorias, la familia se ayudó de los conocimientos del general Fontela, un enamorado de la historia militar. “Había muchos nombres concretos y estaciones de tren que queríamos confirmar. Le enviamos el manuscrito ya seleccionado y corroboró todos los aspectos históricos que contaba Eusebio”, rememora Pérez, quien subraya que Fontela les dijo que “era información muy importante desde el punto de vista histórico porque era el único testimonio directo de un soldado, sin ideología, sobre la visión de la guerra y contaba exactamente lo que vio”. Tal fue la relevancia que este general otorgó a estas memorias que él mismo se encargó de gestionar la publicación del libro con la Editorial. De hecho, Fontela, con un “ojo muy experto en la historia militar”, elaboró toda la relación de desaparecidos españoles en los gulag.

Fue hace unos meses cuando el libro vio la luz, pero la pandemia del COVID-19 echó al traste cualquier tipo de presentación y forma de publicitarlo. “Está siendo un libro callado pero que está despertando interés ahora gracias a los muchos abonados a la historia de la editorial”, resalta Pérez a Ical, en la primera conversación que mantiene con un medio. La vida de Eusebio da para una segunda parte ¿La habrá? “Mira, hay gente que me pregunta después de leer ‘Los Diarios de Karagandá’ cuándo la escribiré, porque es cierto que él deja de anotar y escribir durante años y deja un periplo del que no se sabe nada, pero eso ya tendría que novelarlo”, ironiza.

De momento, la publicación de las memorias de Eusebio cumple con el deseo de Delfina, Inma y Begoña y Daniel Pérez, viuda, hijas y yerno del protagonista. “Empezamos porque nos movió el interés de que todo fuera legible, porque hasta ese momento teníamos una masa ingente de anotaciones y algunas no se entendían. Han sido cinco años de trabajo que han terminado por ver la luz con este libro”, concluye.

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