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Furor internacional por la trufa del Cerrato palentino

La comarca engloba 300 hectáreas y a 15 truficultores y se convierte en un punto de atracción dentro y fuera de España debido a la excelente calidad del hongo que produce

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Furor y pasión. Así se define el interés por la trufa procedente del Cerrato palentino, dado que “hay una verdadera petición y se pegan tortas en el mundo por conseguirla”, dado que su calidad está en los estándares más altos del mercado, lo que convierte a esta zona en un punto de referencia a nivel internacional, que engloba, a día de hoy, a 300 hectáreas y a más de 15 truficultores.

Así lo avala el director de la Cátedra de Micología y profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de la Universidad de Valladolid, Juan Andrés Oria de Rueda, quien asegura que tiene constancia de compradores australianos interesados directamente en trufas palentinas, lo que refleja el interés y su posicionamiento dentro y fuera de las fronteras españolas.

 

Brágimo / ICAL. El catedrático de Micología, Andrés Oria, muestra unas trufas negras

 

El clima de la zona es muy importante y es uno de los aspectos claves en la calidad de las mismas. Hace mucho frío y el hielo y la nieve de hace días se mantiene, algo que sería perjudicial para otros cultivos y especies se convierte en positivo para las trufas, lo que hace que sigan saliendo hasta el mes de marzo, de ahí que la feria de Baltanás sea la última cita a nivel nacional, la cual se celebra este domingo, 5 de marzo.

La típica parcela de esta zona para la trufa contiene una tierra pedregosa y con una calidad agrológica bajísima, es decir, el “peor lugar para cualquier otra cosa, menos para este tipo de hongo, que también le viene muy bien las fuertes heladas y temperaturas bajo cero, lo que da lugar a unas trufas del máximo nivel en el mercado”.

Para ello, subraya que se plantan encinas y robles, que son lo que van a producir las trufa, además de contar con una balsa de agua, dado que se necesita riego en caso de que el verano sea más seco de lo normal. La encina lleva en la raíz la micorriza de la trufa, al estar inoculado, lo que servirá para que se empiece a generar el hongo a lo largo de los años, explica en declaraciones.

 

 

Agua como necesidad

“En estos años se ha producido un gran avance en este ámbito, con un mayor manejo del cultivo y aumentar la producción. Tenemos terreno y altitud, pero nos falta el agua. La base está en producir, pero a base de agua, además de aportar mucho trabajo y gastos para sacarlo adelante”, afirma José Hernández, un truficultor con más de 15 años involucrados en la materia tras empezar de manera aficionada.

En el Cerrato palentino escasea el agua y hay un problema de salinidad, a pesar de haber hecho ciertas perforaciones e instalarse balsas para el riego. En aquellos años en los que las precipitaciones no llegan y son deficitarios en el ámbito hídrico, comienzan los inconvenientes, dice.

“Necesitamos agua, pero no tenemos un punto para cogerla, ya que nos tienen que autorizar”. Por ello, pide que la Diputación arrime el hombre y les pueda ayudar, a través de la Junta, para poder llegar a un acuerdo con la Confederación Hidrográfica del Duero. “Ya que nos hemos metido en este tipo de cultivo y funciona, solo pedimos que nos ayuden en años críticos para poder llenar nuestras balsas y dar un riego de apoyo”, afirma.

 

 

Por otro lado, traslada que no todas las plantas ni el mismo terreno de una parcela o zona en la comarca dan la misma trufa, aunque eso no quita para que la calidad de este hongo sea muy buena. Junto a Hernández se encuentra Jesús Peral, un truficultor que se ha unido a este ámbito hace dos años, quien ha empezado desde cero, al comprar y preparar la finca (cinco hectáreas y medias y con 1.700 encinas), además de realizar la plantación, el vallado y montar el sistema de riego.

Explica que llevaba tiempo pensando en hacer una inversión en el campo, ya que buscaba un tipo de cultivo que no requiriera una mano de obra de exterior y que pudiera asumir de manera personal las labores.

“La idea también era hacer un cultivo distinto al tradicional y observé como en el Cerrato había terreno óptimo y adecuado para la trufa y decidí ponerme manos a la obra”, comenta.

Para la búsqueda, se requiere un perro que tenga un buen olfato y que sea muy activo, porque se “necesita que se mueva y cubra mucho terreno de la parcela”. Además, sirve apara ayuntar conejos, porque no hay una raza en particular para la búsqueda de trufas, dado que el can debe “ser dócil y con buen olfato”, que tiene que ser enseñado desde cachorro.

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