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Juan Correa: “Si todos le damos la espalda a la España vacía se convertirá en un gran atractivo para lo peor de la depredación humana” – HOY Castilla y León :: Noticias de Castilla y León
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Juan Correa: “Si todos le damos la espalda a la España vacía se convertirá en un gran atractivo para lo peor de la depredación humana”

El pintor zamorano, afincado entre una aldea segoviana y Madrid, explora la capacidad expresiva de los materiales en ‘Nostalgia del paraíso’, su nueva exposición en la Galería Marlborough

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Cuando él apenas contaba con cuatro años, los padres de Juan Correa (Zamora, 1959) dejaron el pequeño pueblo donde vivían para trasladarse a Madrid, la ciudad donde creció y se formó. Pintor que se vale de los materiales y los procedimientos del escultor, y que se sitúa “en una línea imaginaria equidistante entre la abstracción y la figuración”, Correa trabaja desde 2006 con la Galería Marlborough, la misma que representó a Francis Bacon en exclusividad durante sus últimos 34 años de vida. La sala de Marlborough en Madrid, donde comparte cartel con creadores clave del arte español contemporáneo como Antonio López, Juan Genovés o Luis Gordillo, acoge hasta el 4 de mayo ‘Nostalgia del paraíso’, su novena exposición individual en la galería, donde prosigue su exploración en torno a la capacidad expresiva de los materiales.

 

¿Cómo despertó su interés por el mundo del arte?

Yo no contaba con ser artista. Surgió por pura casualidad. Con 14 años empecé a trabajar y entonces lo que quería era ser hippie. El hermano de un amigo vivía en Formentera y se dedicaba a hacer cerámica durante el invierno que vendía en verano, así que decidí aprender a hacer cerámica. No sabía que existía una escuela de cerámica y me metí en Artes y Oficios, desde donde me encauzaron hacia la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

 

¿Qué aprendió allí?

En esos años era muy difícil entrar y me ayudó Higinio Vázquez, con quien trabajé como aprendiz de escultor, pero para mí fue una absoluta decepción, con algunas excepciones de algún profesor que me ayudó. Me empeñé en tener el título y lo logré por absoluto milagro, pero no soñaba con ser artista. Si después de aquello conseguía ser profesor me conformaba, porque lo de ser artista me parecía poco menos que imposible. Tuve la suerte de que Bellas Artes estaba al lado del museo de arte contemporáneo de entonces y pude ver con mucha comodidad grandes exposiciones, como retrospectivas de Tàpies, Miró o Picasso, que me abrieron todo un mundo que desconocía y que tuvieron para mí una gran influencia.

 

Con 25 años, hasta hoy?

Hay cosas que están ahí desde mis primeros pasos, desde los primeros cuadros que puedo decir que tienen mi sello y no son simple ejercicio. Cuando conocí de cerca el mundo de la escultura, donde he trabajado la madera y fundamentalmente la piedra, me pareció demasiado trabajoso y pesado, y siempre he tenido claro que para mí tiene más importancia la pintura. Desde mis inicios yo pinto como un escultor, poniendo y quitando materia, y tratando el cuadro como un bajorrelieve. Algo que hacía Tàpies y que probablemente inició Jean Dubuffet, que es el primero que plantea que la propia pintura es materia en sí misma, porque ya tiene color, volumen y masa.

 

¿Cómo ha sido su relación con el lenguaje abstracto?

A veces me preguntan si soy abstracto o figurativo. Creo que lo que a mí me ha definido desde mi primera exposición es que ni soy abstracto ni soy figurativo. Si pudiera trazarse una línea entre la abstracción y la figuración ahí me gustaría estar. Puedo en una obra derivar más a la figuración y en otra totalmente a la abstracción, y quedarme totalmente en el término medio es lo que más me interesa.

 

 

Hace cinco años decide introducir la cal entre los materiales de sus obras. ¿Cómo ha condicionado su trabajo esa decisión?

En muchos aspectos. Para empezar la cal es un veneno, es un tóxico, y hay que andar con mucho cuidado porque quema. Durante mucho tiempo he querido sumergirme en este mundo pero no me atrevía del todo. La primera vez que la utilicé fue en un cuadro que me pidieron para una exposición colectiva de arquitectura que no llegó a prosperar, pero el lienzo sí lo hice y luego pasé años haciendo pruebas para ver si funcionaba e investigando cómo resolver los problemas que surgían. Para mí, en el mundo del arte siempre tiene que haber una motivación y un proceso de investigación; me parece fundamental.

 

A lo largo de su trayectoria una constante es la desmaterialización y reconfiguración de los paisajes. ¿Qué le interesa de ese proceso?

El tema de mi exposición actual es la tierra y el paraíso. El paisaje está herido de gravedad, quizá desde el origen de los tiempos o quizá el propio hombre ha producido los desiertos cuando consiguió dominar el fuego. No sé de dónde viene, pero ahora el desastre es terrible. Los temas a veces aparecen de forma totalmente inconsciente y en este caso puede ser una forma de manifestar que el paisaje está herido, destruido y no quedan más que fragmentos que lo simbolizan. Ya no hay paisaje, sino la tierra desnuda.

 

En ese sentido recientemente se ha manifestado en Madrid la España vacíada. ¿En su exposición también alude, aunque sea de forma indirecta, a esa realidad de la desertización de la España rural donde usted vive?

Me siento muy implicado en este proceso puesto que vivo en la España vacía, en una aldea en la que a veces hay dos, tres o cuatro casas habitadas, y he pasado por otra que estaba a punto de ser considerada deshabitada, una realidad muy dramática. Es una tragedia que yo he vivido de cerca toda mi vida y ahora estoy más implicado con la causa, y quizá lo simbolizo a través de la misma tierra que me rodea, que es con la que construyo mis cuadros, que al final son arena, cal y tierra.

 

Obras como ‘Apología glíptica’ o algunas piezas sin título remiten a un espacio árido, desierto, en el cual emergen reductos de color, que parece que prueban que hay vida más allá de las ciudades.

Por supuesto que la hay. De hecho yo a la España vacía le auguro un gran futuro, porque si no le buscamos un futuro sufrirá una gran degeneración, con el asentamiento de macrogranjas, instalaciones militares o almacenes de residuos nucleares… Si a la España vacía todos le damos la espalda se convertirá en un gran atractivo para lo peor de la depredación humana. A mí me parece que es un territorio con un gran atractivo poético y de otro tipo, un espacio dentro de Europa que está tan despoblado como Groenlandia y que sin embargo tiene una naturaleza y un paisaje maravillosos, donde perviven tradiciones y que es el centro de la historia de este país. Lo más denso de la historia de este país ha pasado en Castilla. Si queremos ignorarlo, a otros les resultará muy atractivo este desastre.

 

 

¿El título de la exposición, ‘Nostalgia del paraíso’, alude en cierto sentido a eso?

No exactamente pero se podría emparentar. Lo poético siempre tiene a la vez muchos significados. ¿Podría ser una nostalgia del paraíso que yo sueño? Pues sí. Sueño un paraíso en la España vacía, siempre lo he soñado, y sueño con el paraíso porque me parece un concepto real, que está presente en todas las culturas. El paraíso puede tener muchas formas; es también la felicidad que nadie conoce, aunque la imaginamos, la olemos y pensamos que podemos alcanzarla. La creación me parece el paraíso también. Cuando algo te conmueve eso para mí es el paraíso, y por fuerza tiene que existir puesto que existe el infierno. Dicen que todo tiene su contrario.

 

Usted alterna su residencia y su trabajo entre Madrid y El Arenal de Orejana, en la comarca segoviana de Pedraza. ¿Cómo llegó a ese rincón?

Yo me crié en pleno campo, en una dehesa, y supongo que eso me ha influido, porque después siempre he buscado estar en plena naturaleza. La naturaleza, en todas sus formas (la botánica, la zoología y sobre todo la geología) es uno de los temas constantes en mi obra. En estas últimas etapas está más presente la geología, influenciado por el territorio donde estoy, que tiene unas condiciones geológicas muy especiales. Esa es quizá mi forma de vincularme al territorio donde trabajo.

 

En ‘Nostalgia del pasado’ reaparece otro tema que también ha abordado en los últimos años como el proceso de la ruina y las pinturas murales antiguas. ¿Qué le interesa de ello?

El pasado del arte, abordado desde el presente, suele ser una constante en mi obra. Para mí el que vende futuro vende humo, porque nadie sabe si dentro de unos instantes va a caer un meteorito como el que le cayó a los dinosaurios y la raza humana se puede extinguir. Sin embargo el pasado es algo que está ahí, no está más que en la mente del hombre porque ya no existe pero quedan sus huellas y recordarlas a mí me entretiene mucho. De hecho la arqueología es una de mis pasiones y también aparece en mi obra constantemente y me resulta motivo de inspiración.

 

Más allá de esa mirada a las huellas del pasado, en su obra se aprecia una necesidad de investigar en torno a la capacidad expresiva de los materiales.

Sí, creo que todo está interrelacionado. Me valgo de la técnica en el proceso de conocer y de investigar, que me parece fundamental para la creación. Cuando ya te sabes el cuadro todo se empieza a repetir y eso me aburre muchísimo. Vivimos una época en la cual ciencia y arte están relacionadas, porque la ciencia también tiene una parte creativa. Ciencia, arte y cultura es lo que forma al ser humano. Sin cultura se puede vivir, pero ¿es vida? Creo que no, eso es sobrevivir.

 

Hablábamos antes del paraíso del título y me gustaría centrarme ahora en la otra palabra que lo conforma: nostalgia. ¿Cómo se relaciona con esa sensación?

El título surgió de una reflexión tras leer ‘De lágrimas y de santos’, de Cioran. Allí citaba una frase de Nietzsche (“No puedo diferenciar las lágrimas de la música”) para señalar que “toda verdadera música procede del llanto, puesto que ha nacido de la nostalgia del paraíso”. Yo entiendo eso como un interrogante: ¿Qué empuja al hombre a la creación? ¿Cuál es la fuerza que nos guía a los creadores? La nostalgia del paraíso.

 

¿Qué hilo conductor ha fijado entre la veintena de obras en la exposición?

Yo he buscado que haya variedad y contraste, porque las exposiciones monotemáticas me aburren soberanamente. ¿Qué es lo que une la exposición? Por un lado el proceso técnico y la investigación sobre procesos pictóricos y nuevos materiales para la pintura, por otro lado hay temas en común como la tierra o la nostalgia. Quizá mi obra realza ausencias en el paraíso destruido, en la tierra vacía, que es un valor artístico en sí misma y que trabajo con un gran respeto, sin nada que la contamine. La cal es tierra y la arena de mármol es tierra, así que es como usar la materia inmaculada del planeta. Yo voy buscando eso, también como símbolo.

 

De las 24 exposiciones individuales que ha protagonizado hasta el momento solo tres han sido en Castilla y León (dos de ellas en la Galería Arco Romano de Medinaceli y otra en 1993 en la Galería El Pasaje de Valladolid). ¿Echa de menos tener más protagonismo en su propia tierra?

Bueno, sí. Hubo una época en la que se hicieron magníficos museos en todas las ciudades de provincias. Se construyeron estupendos edificios que en la mayor parte de los casos, en mi opinión, están muy mal llevados. Puede ser que esté cambiando todo esto y yo no estoy al tanto, pero todos los países protegen a sus artistas y España en ese aspecto creo que no está siendo muy buen ejemplo. Cuando los artistas vamos a América o a otros sitios somos extranjeros, pero en nuestro país yo también me siento extranjero, y en mi propia tierra.

 

¿Cómo llegó a Marlborough, una de las galerías más prestigiosas del mundo?

Por casualidad. Una mujer que trabajaba en la galería y que ahora está en Sotheby’s coincidió con un cliente y amigo mío que llevaba uno de mis catálogos bajo el brazo, se lo enseñó, quiso conocer mi obra y le gustó mucho. Fue un cúmulo de casualidades.

 

Lleva con ellos tres años ya. ¿Se siente allí en casa?

No es una galería fácil, puesto que buena parte de los artistas son grandes firmas y luego estamos otros que somos un poco anécdotas. En ese ambiente tienes que luchar por mantener el tipo, por estar a la altura y por superarte a ti mismo, sin dejar de evolucionar. Yo estoy embarcado en esta lucha conmigo mismo, porque luego el éxito del mercado o de otro tipo va por otro lado. Estoy centrado en superarme como artista y en que mi pintura no deje de ir a más, y creo que lo estoy consiguiendo.

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