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La galería madrileña Tiempos Modernos acoge ‘Algunas noches’, una muestra del pintor leonés Carlos García-Alix

La muestra abre sus puertas este martes, 12 de septiembre, y reúne hasta final de año una serie de óleos con la noche como motivo o excusa

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La galería y tienda de antigüedades madrileña Tiempos Modernos acogerá este martes, 12 de septiembre, a partir de las 18 horas, la inauguración de ‘Algunas noches’, una exposición que reunirá hasta finales de año una serie de pinturas al óleo realizada por el artista leonés Carlos García-Alix, que tienen como motivo o excusa la noche. A través de escenarios cotidianos, las piezas acercan al espectador a la vida más familiar del creador.

Según detalla, la muestra es, en cierta forma, una “continuación” de un conjunto de exposiciones que ha venido mostrando en los últimos años, como ‘Nordskov’ (2021, Tiempos Modernos), donde reflejaba su estancia en una casa de campo en el Fiordo de Ise, en Copenhague (Dinamarca), o ‘Viaje de invierno’ (2022, Círculo de Bellas Artes), que tenía que ver no solo con su “peripecia” por el norte de Europa sino también con “una reflexión alrededor del romanticismo”.

 

Juan Lázaro / ICAL . El pintor Carlos García- Alix en su estudio de Madrid.

 

Ahora, como entonces, retoma el tema de la nocturnidad, “ese periodo comprendido entre el crepúsculo y el amanecer”, que es “prácticamente” un género de la pintura. “Las noches pintadas, exteriores e interiores, con luna o sin ella, con estrellas, bombillas, farolas o neones, jalonan la historia de la pintura. Noches románticas de Friedrich, o noches de Goya con aquelarres y fusilamientos, noches estrelladas de Van Gogh, noches urbanas solitarias y melancólicas de Hopper en el Nueva York de los años 30, noches atroces de bombardeo, Picasso y su Guernica, o noches de Otto Dix en las trincheras del frente durante la primera gran guerra. Sería interminable establecer un resumen de la pintura nocturna”, relata.

La noche, para él, además de ser “uno de los grandes símbolos o fetiches del romanticismo, tiene una riqueza simbólica amplísima”. “Es la muerte, es también un estado que tiene que ver con una cierta alteración de la conciencia, puesto que por las noches es cuando soñamos o cuando amamos. La noche tiene una amplitud muy rica de significados y símbolos”, argumenta.

La obra de Carlos García-Alix es profundamente narrativa y gira en torno a los años 30, una época que le interesa especialmente y que da a todas sus obras una atmósfera cargada del rastro del tiempo. Su especial interés en retratar las grandes metrópolis como Madrid, Berlín, París o Moscú y a sus personajes —tanto en sus trabajos de investigación histórica como en sus cuadros— está presente también en este nuevo escenario.

 

 

Escenarios familiares

Echando la vista atrás, es consciente de que son muchas las obras nocturnas que ha creado a lo largo de su trayectoria, algo que achaca a dos realidades: la propia tradición del oficio de pintor, es decir, la historia del arte y de la pintura, y su vivencia personal. “De esa unión nacen las pinturas. Es imposible que si salgo por la noche por el barrio de Valdeacederas, donde trabajo, y veo un determinado paisaje nocturno, puedo pensar: ‘Eso es un Hopper o eso es esto otro, porque la pintura de alguna manera nos ha enseñado a todos a mirar”.

De esa forma, Carlos García-Alix asume la herencia adquirida de la historia de la pintura con su mirada puesta en su presente más inmediato, en sus escenarios más cercanos: calles, parques, bares, geografías, con epicentro en el barrio madrileño de Tetuán en su mayoría, que le resultan familiares desde hace ya muchos años y que ahora vuelven a presentarse ante los ojos del espectador.

“Siempre pinto escenarios que me resultan familiares. A mí pintar un edificio porque sea bonito no me interesa. Tiene que significar algo para mí, tiene que tener un sentido. Si pinto el Bar Rubí, las cocheras de Tetuán o un parque, es porque forman parte de mi memoria desde que era niño y lo contemplo todavía hoy, con 66 años, y me desata un aluvión de recuerdos. Son lugares de memoria para mí y los codifico o represento de esa manera”, detalla.

Nacido en León y afincado en Madrid desde finales de los años sesenta, Carlos García-Alix lleva cerca de cuarenta años exponiendo su pintura, y desde Tiempos Modernos no dudan en definirlo como “un artista total”, que aglutina junto a su trabajo como pintor su labor como escritor, incansable investigador y cineasta.

 

 

No en vano, en 2007 se alzó con el Segundo Premio de la sección Tiempo de Historia de la Seminci gracias a su debut como director y única películas hasta la fecha, ‘El honor de las injurias’, un documental que surgió tras una década de investigación en torno a Felipe Sandoval, el doctor Muñiz, un pistolero anarquista de los años 30 que se convirtió en una obsesión para él.

Al preguntarle si le gustaría volver con un nuevo proyecto al mundo del cine, no duda en subrayar que le “encantaría”, si bien lo considera “muy complicado”, ya que requiere “producción y dinero, además de trabajar en equipo”, algo q a lo que confiesa no estar “muy acostumbrado”. “Yo soy un pintor, estoy todo el día solo, pero muchas veces escribo pequeños guiones que luego guardo en un cajón… El cine me sigue pareciendo algo maravilloso”, afirma antes de confesar que ahora tiene en marcha “un pequeño guion que tiene que ver con León”, que le gustaría sacar adelante “algún día”.

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