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La guerra biológica, última esperanza para los piñoneros

La plaga de chinche americana, que asola los pinares de Castilla y León, y años de irregulares precipitaciones, llena de incertidumbre un sector que moviliza 61 millones anuales y 400 empleos equivalentes

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Eduardo Margareto / ICAL La gerente de Piñonsol muestra piñones en la fábrica de Pedrajas

 

“Algo no está bien cuando ves un piñón precioso, lo palpas suavemente, lo disfrutas en las manos…, pero cuando abres la piña, ¡está vacía!”. Con evidente preocupación, Amelia Pastor recorre las instalaciones de la Cooperativa Piñonsol, en Pedrajas de San Esteban (Valladolid), de la que es gerente. La media histórica de producción de este manjar, con un precio actual de entre 50 y 60 euros el kilo, se sitúa en 20 millones de kilos al año, con entre 150 y 200 kilos por hectárea de pino piñonero. Pero desde 2013 todo ha tomado un giro dramático, radical, con rendimientos que han caído al 25-30 por ciento, a causa de la sucesión de varios años secos y de la entrada de una plaga de chinche americana, ‘Leptoglossus occidentalis’, llegada desde Canadá a través de Italia, por donde se cree que entró en un palé. Pero a pesar de este escenario de incertidumbre, el vaso se puede ver medio lleno gracias a los pequeños avances logrados a través de la investigación, que aunque de forma lenta, puede ver la luz: detectar feromonas que atraigan al insecto, localizar sus depredadores y parásitos y trabajar con injertos del pino.

El éxito de las pruebas es el hilo de esperanza que le queda al sector frente a campañas prácticamente ruinosas, con miles de empleos en el aire e industrias que se han visto abocadas al cierre, y con rendimientos que han pasado de un cuatro por ciento a menos de la mitad. “El insecto está en todo el mundo. Es difícil de combatir. No entra a las trampas, se esconde si hay ruido y es casi imposible de ver”, argumenta el jefe del Servicio de Defensa del Medio Natural, Vicente Rodríguez, quien habla de un sector que moviliza 61 millones anuales y 400 empleos equivalentes.

El escenario es dramático para el sector de la comarca de Tierra de Pinares. Pero por fortuna, y como casi todo en la vida, se observa un moderado optimismo gracias a los laboratorios. “La realidad es que lo hemos intentado mucho, pero solo lo hemos podido ver en Valsaín y en Soria”, determina Rodríguez, quien profundiza que para hacer estudios se obtuvieron ejemplares en un pinar silvestre soriano, en colaboración con la Universidad de Valladolid. Con ellos, el departamento ha creado una mini granja con estos chinches americanos. “Comen cualquier conífera o pino, no solo se alimenta del piñonero. Aunque no haya piña y piñón comen perfectamente”, advierte.

Las primeras actuaciones se desarrollaron en 2013 en colaboración con la Diputación de Valladolid y la UVa, en el programa Propinea. Desde ese ejercicio se han intercalado años muy secos con una actividad importante del chinche, lo que ha obligado a profundizar en los estudios. El profesor Juan Pajares, uno de los mejores especialistas del mundo, lidera uno de los más importantes desde 2015. Consistía en hacer un estudio de biología, fenología, reproducción y daños de principales plagas del pino piñonero y métodos para su lucha. Gracias a él se ha logrado conocer el ciclo biológico y reproductivo de otra de las plagas que afectan al producto, la ‘Dioryctria mendacella’ y de una feromona sexual como criterio de gestión. Y en cuanto a la chinche americana, prosigue Rodríguez, se ha determinado también su ciclo, con dos generaciones al año, que hibernan de adultos, se aparean a mitad de año y vuelven a hibernar los que quedan.

Además, se sabe “de la existencia de una potencial feromona agregativa atractiva en estudio como posible uso en trampas”. “Creemos que se podría detectar una que lo atraiga: se han hecho avances y sabe que se puede llegar a conseguir, pero aún no se ha logrado”, sentencia. También se han identificado posibles parasitoides de huevos como otra herramienta más de control biológico. “Se han obtenido bastantes resultados”, resalta Rodríguez, quien lamenta que este organismo “sea tan esquivo, lo que dificulta su captura enormemente”.

Los italianos ultimaron un parásito “pero lo descartaron”. En España se logró uno vinculado a la procesionaria, “pero ataca en porcentajes bajos al chinche, en un once por ciento de las veces, aunque en algunas pruebas llegó al 40”. Es el mismo método que se utiliza, por ejemplo, en la avispilla del castaño, en el Bierzo, “con el que se logran resultados altos”.

Se han descartado en los estudios realizados otros métodos como infección por hongos, trampas de calor por no ser efectivos. Los estudios de la feromona están en fases de desarrollo. Tal es el éxito que se espera de estos estudios que en los últimos días hasta la BBC se ha hecho eco de que laboratorios ingleses tratan de sintetizar el material recolectado en Castilla y León, “por ahora sin datos concretos”.

Hasta el momento estos estudios, en los que también participa el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria (INIA), establecen una importante pérdida de rendimiento. Desde 2013, la producción en Tierra de Pinares es de 0,7 kilos sanos por árbol, que se traduce en 4,2 piñas por planta y 195 gramos de peso medio de cada una de ellas; mientras que hasta 2010, la producción era de 2,6 kilos de piña sana por árbol; una decena por cada uno y 271 gramos de peso medio. El rendimiento en piñón blanco estaba entre el tres y cuatro por ciento y ahora en el uno por ciento. Ha caído al 25-30 por ciento. “Necesitamos cien kilos de piñas para sacar cuatro de piñón blanco”, sostiene Pastor, quien habla de un cambio de estilo de producción desde 2013.

“Es un fenómeno extendido en todas las partes del mundo”, asegura Rodríguez, que explica que como insecto “chupador” se alimenta mediante un estilete en su boca de la savia de brotes, piñones y piñas en formación, de manera que resultan inviables para su germinación. Los daños los producen tanto las ninfas como los adultos. En las zonas de donde es originario, en Norteamérica, lo hace en especies coníferas, como la ‘Pseudotsuga menziessi’, donde a pesar de ser una plaga, “no tiene producción de piñón, por lo que fumigan masivamente”.

 

 

Subastas desiertas

Jesús del Río, técnico forestal de la Asociación Forestal de Valladolid (Asfova), recuerda que en apenas ocho años se observan “problemas significativos”, por lo que se están limpiando los montes para maximizar la producción. Del Río evidencia esos problemas en el interior de un pinar de 750 hectáreas de la localidad, de entre 80 y 100 años de edad, donde ha quedado desierta una subasta por solo 2.000 euros, que “es una ganga”.

“El chinche provoca que el árbol aborte las piñas del primer año y daña las siguientes, de tal forma que la producción puede quedar reducida a la nada porque hay muchas picadas”, lamenta, mientras recoge del suelo producto que se ha quedado en la mínima expresión. “El problema es morrocotudo por un bicho que no es de aquí”, insiste. Y afecta al pino piñonero, que presenta la piña más grande la Península Ibérica, donde habitan once de las 15 especies de pinos que existen en el planeta.

 

Injertos, caminos de futuro

Además de esos estudios, la Junta ha mantenido las investigaciones para ver el impacto del cambio climático y el manejo de pinos injertados, que en opinión de Vicente Rodríguez “puede ser uno de los caminos a seguir en el futuro”. “Pensar en producir piñas igual que almendros. Al tratarlo como cultivo agrícola se podrá tratar con fitosanitarios”, añade.

Rodríguez tiende una mano para solucionar el problema, pero también critica a los que apuntan a que “no se hace nada” cuando “nadie ha invertido un euro en investigación en el momento en que los beneficios eran grandes”. “Nosotros como Administración tenemos que asegurar el papel del piñonero y ello ahora no corre ningún riesgo. Pero no siempre la investigación da frutos y seguimos trabajando”, sostiene, para añadir que el sector reclama que los montes los trate la Junta, pero las leyes de Sanidad Vegetal y la de Montes “dicen claramente que deben ser los propietarios”.

De momento no se ha encontrado un “buen sistema de parásitos, de feromonas o de infección”, pero es que el uso de tratamientos tiene el problema de autorizaciones. De momento se ha aplicado en primavera un plaguicida recomendado por los productores en dos montes de Valladolid y hay que esperar a los resultados: “No hemos logrado atacar a la plaga, pero se han logrado avances”, concluye.

Quizás sea la última esperanza para salvar al piñero, prácticamente desaparecido, al piñonero, que obtiene el piñón blanco, y del que hay unos 50 solo en Pedrajas; y la industria. Amelia Pastor recuerda que en todos los pueblos de la comarca “la gente se ganaba la vida con los pinos o como complemento de otras actividades”. Se cifraban en más de 2.000 los empleos. De hecho, únicamente en Pedrajas está el 80 por ciento de la industria transformadora, que no solo compra en Castilla y León, sino también en Andalucía o Extremadura. Esta cooperativa factura unos 3,6 millones de euros, algo que de momento no se ha visto muy afectado a causa del incremento notable del precio de mercado.

“El pino piñonero es un árbol caprichoso, que puede dar muchos kilos o nada”, sentencia. Para controlar esto sería “provechoso”, desliza Pastor, contar con una figura de calidad, rechazada en las dos ocasiones en que se intentó. Ello ayudaría también a la exportación, que actualmente ronda el 30 por ciento. Critica a algunos de los grandes cocineros de este país, que “se aprovechan del piñón de Pedrajas como atractivo y después venden otro tipo de producto en la mesa”, como el chino o el pakistaní, con valores dietéticos muy inferiores: “Entre el 36 y el 40 por ciento del peso del piñón de aquí son proteínas, frente al 16 y 12 por ciento de los asiáticos”.

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