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Contra el COVID-19

Los tatuadores leoneses Víctor Colado y Sergio Abril participan en el libro solidario ‘Obnoxia’

El proyecto reúne a 150 artistas nacionales y la recaudación se donará a la investigación contra el COVID-19

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La Real Academia Española define la palabra obnoxia como un adjetivo en desuso que hace referencia a aquello “expuesto a contingencia o peligro”. Sin embargo, desde que el COVID-19 se convirtiera en un habitante más del mundo, el adjetivo se ha tornado nombre propio. Así, Obnoxia ha pasado a ser una expresión de arte solidaria, mediante la que un total de 150 artistas de toda España, concretamente tatuadores, grafiteros e ilustradores, se han reunido para dar forma a un libro cuya recaudación se donará al Consejo Superior de Investigaciones Científicas para financiar proyectos orientados a la lucha contra el coronavirus.

 

Campillo / ICAL . Los tatuadores leoneses Víctor Colado (I) y Sergio Abril (D), participan en el proyecto ‘Obnoxia, ideas bajo pandemia’ en el que participan otros 150 artistas a nivel nacional

 

En el centro de León las agujas de Víctor Colado y Sergio Abril sisean entre el metálico perfume de tinta impregnada con alguna que otra gota de sangre. Dos tatuadores de estilos muy diferentes movidos por su pasión común a un oficio que desempeñan en el estudio All Street y que son los únicos dos leoneses participantes en el proyecto solidario.

En plena tarea, con su característica sonrisa de satisfacción ante una pasión que ha convertido en trabajo, Víctor Colado tatúa a una mujer, orgullosa de poder lucir en su piel su historia contada con las imágenes cargadas de color del artista. Con la premisa de plasmar qué suponía para él la pandemia vivida, Colado cuenta que decidió ceñirse en cómo pasó él su propia cuarentena, de modo que en la lámina creada para Obnoxia representa “cómo hubiera sido el confinamiento si nos hubiera pillado hace 25 años, en 1995, cuando no teníamos tantas cosas como tenemos ahora y lo habríamos tenido que llevar de otra manera, como, por ejemplo, con la Game Boy”.

Una propuesta “no tan reivindicativa o buscando explicaciones ante la situación” para la que se imaginó cómo habría pasado él mismo los últimos tres meses de este año “en la década de los 90”, uniéndose a los diferentes puntos de vista de las 149 láminas restantes que completan el libro ‘Obnoxia, ideas bajo pandemia’, lo que a Víctor le resulta “bastante interesante porque permite ver las distintas maneras que cada uno tiene de representar lo que ha sido todo esto para él, tanto a nivel sentimental como artístico”.

Un parón de más de dos meses en el oficio de la aguja y la tinta, el tatuador reconoce que a nivel artístico “te ayuda a darte cuenta de muchas cosas y te hace reflexionar y querer tatuar con más ganas, porque te das cuenta realmente de que esto es lo que te gusta y lo que quieres hacer día a día”.

Sin embargo, desde la apertura del estudio hace unas semanas, Víctor ha podido comprobar que “la gente ni tiene ni miedo, ni problemas económicos, porque al fin y al cabo la gente o está cobrando Ertes o ha estado ahorrando y, para mucha gente, el tatuaje es un capricho que lo tiene por encima de muchas otras cosas”.

 

 

Un punto de vista sobre la vuelta al trabajo que comparte su compañero, Sergio Abril, mientras se pone los guantes, prepara los botes de tinta y mira la espalda prácticamente virgen de un cliente que saldrá de ahí tapada casi por completo, gracias al diseño que ha creado el artista en el que ha depositado su confianza para que cree una obra que le acompañará de por vida.

Sorprendido ante el aluvión de gente ávida de nuevos dibujos en la piel, Abril apunta que “pensaba que la gente se iba a echar más para atrás o iba a estar mal económicamente, pero la siguen tatuándose y pidiendo citas”, aunque “no quita que igual se vaya a notar más adelante”.

No obstante, “la cuarentena ha sido mala para todo el mundo y para cualquier autónomo, porque hemos estado sin trabajar, pero hemos seguido pagando recibos”, lamenta Sergio, al tiempo que celebra “haber podido remontar un poco una vez que se ha podido volver a trabajar”.

Sobre su aportación al proyecto Obnoxia, el artista leonés recuerda que “cada artista teníamos que hacer una lámina de lo que representaba esta situación para nosotros”, por lo que él decidió plantear a “una mujer como la diosa Natura, con una balanza que tiene un lado unas calaveras que representan la muerte y en el otro un planeta, con lo que quiero dar a entender que el virus es un escarmiento de la naturaleza, porque el ser humano está maltratando el planeta y él nos está dando un escarmiento”.

 

 

Ideas bajo pandemia

El proyecto ‘Obnoxia, ideas bajo pandemia’ nació de la mano de los tatuadores e ilustradores Isaac Mahow, Koan, Saurus, Rude, Trudy Muller y Hosk Rodríguez, quien explica que “llevábamos mucho tiempo queriendo juntar a varios amigos y hacer un libro, porque muchos de nosotros somos tatuadores y con el trabajo no tienes tiempo para hacer nada artístico para ti”.

Tras la llegada del COVID-19, tuvieron claro que desarrollar por fin esa idea “era una manera de mantenernos activos y poder ayudar en un momento tan necesitado”, ya que tenían claro que los beneficios se destinarían a paliar la situación provocada por la crisis sanitaria.

El ‘leitmotiv’ era claro: ver cómo cada artista reflejaba su visión sobre lo que estaba pasando por culpa del coronavirus, para lo que empezaron avisando a sus amigos y conocidos, pero el proyecto pasó de boca en boca hasta que “a partir de tener ya a 80 personas empezó a llegar el alubión de gente interesada y era imposible pararlo”, por lo que ampliaron la cifra a 150, todos ellos “relacionados entre sí, porque hay gente que admiras y resulta que los conoce un colega tuyo y, en una reacción en cadena, en una semana los juntamos a todos” hasta obtener como resultado final un “libro-joya de más de 300 páginas y 1,8 kilos”, editado por la editorial independiente Black Bible Books.

En él, cada artista dispone de dos páginas en las que, con total libertad, plasman una ilustración a página completa sobre su visión de la situación, está acompañada un espacio personal en el que cada autor puede expresarse como estime oportuno.

 

 

“Pensé que las ilustraciones iban a ser todas bastantes negativas, con cosas como ‘vaya mierda estar aquí’, o que iban a estar llenas de sanitarios, pero la verdad es sí que son muy positivas”, relata Hosk, quien “acostumbrado a que me digan los clientes lo que tengo que hacer” tuvo que hacer cuatro o cinco diseños para quedarse con el definitivo.

Una dificultad que los participantes del proyecto también encontraron a la hora de elegir a dónde donar la recaudación de la venta de los libros. “Queríamos donarlo para material sanitario, pero la venta del libro iba a acabar muy tarde, también pensamos en residencias de ancianos o algo más directo, pero somos de toda España y donarlo a algo en concreto era más complicado, así que vimos que la investigación era lo más ético”, expone.

La cifra de la donación se conocerá en próximas semanas, en el momento en el que acabe la preventa iniciada el pasado 11 de mayo y que concluirá el 10 de junio, habilitada a través de las páginas web de la editorial y de la del propio proyecto. Hasta el momento son unos 800 los ejemplares vendidos, después de que “los dos primeros días que se abrió la venta se saturase la página web de compradores”.

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