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Los museos de Burgos, en alerta ante las protestas activistas

Controles en la entrada, vigilantes, cámaras y cristales blindados son medidas con las que ya cuentan, aunque algunos no descartan aumentarlas ante el miedo de ver afectadas sus obras

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Los activistas contra el cambio climático llevan a cabo desde hace semanas una nueva forma de protesta, con ataques a diversas obras de arte en todo el mundo. ‘La Mona Lisa’ de Da Vinci, ‘Los Girasoles’ de Van Gogh, ‘La joven de la perla’ de Vermeer, son algunas de las obras más famosas que se han visto amenazadas en todo el mundo cuando activistas lanzaron sopa de tomate, tartas o incluso se pegaron al cuadro, con el fin de llamar la atención de la sociedad sobre el calentamiento global. Protestas que han puesto en alerta a los museos, revisando sus medidas de seguridad e incluso planteándose ampliarlas. Burgos no se queda atrás y algunos de sus centros más importantes analizan la protección de la que disponen en la actualidad.

El Museo de la Evolución Humana (MEH) es uno de los más importantes de la ciudad, dado que en su interior se conservan y exponen los restos arqueológicos encontrados en los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Desde su inauguración, hace 12 años, cuenta con control las 24 horas del día a través de cámaras y seguridad, y además no se permite entrar al centro ni con paraguas ni mochilas. Los fósiles originales, de gran valor histórico, están bien protegidos con cristales blindados y además no se encuentran adosados al cristal.

 

Ricardo Ordóñez / ICAL. Museo de la Evolución Humana

 

La directora-gerente del Museo, Aurora Martín, explica a Ical que estas medidas son “suficientes” porque el centro se encuentra vigilado constantemente, no solo por las cámaras y la seguridad que controla las salas, sino también por el equipo didáctico que hay en el Museo y que en caso de tener una mínima sospecha puede actuar. “Creemos que estamos bien protegidos. Mi planteamiento personal es que, más que hacer daño a las obras de arte, con estas acciones quieren llamar la atención”, afirma Martín, recordando que en ninguno de los ataques las obras se vieron realmente dañadas, porque en la mayoría de los casos estaban protegidos por un cristal.

El MEH forma parte de la red de museos regionales de Castilla y León, y al igual que el Museo Etnográfico de Castilla y León (Zamora), Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (Sabero, León), Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (León), cuentan con seguridad estática y presencial en sus salas, además del habitual personal de sala.

 

 

Desde la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León consideran que no es necesaria la “implementación de medidas extraordinarias de seguridad en los centros·, ya que las actuales son “suficientes”, sin embargo afirman que, en caso de haber una “mínima sospecha de amenaza”, se reforzarían las medidas de protección actuales.

Otro emplazamiento histórico en la ciudad es la Catedral de Burgos, que en su interior también alberga cuadros y obras de arte, y otras más delicadas se guardan en vitrinas. Además, la seo cuenta con cámaras vigilancia en entradas y salidas, que vigila lo que ocurre. Sin embargo, el delegado diocesano de Patrimonio, Juan Álvarez Quevedo, señala que, pese a que las obras que allí albergan están protegidas, también se han planteado pensar en alguna otra medida, como por ejemplo, un mayor control de los objetos que se introducen en el templo, o no dejar que se introduzcan mochilas, para evitar situaciones de este tipo.

 

 

Algo similar está ocurriendo ya en el Centro de Arte Contemporáneo de Burgos (CAB), que alberga exposiciones temporales y colección permanente de la Fundación Caja de Burgos. Hasta ahora, los visitantes podían entrar con sus mochilas, pidiendo que esta se llevase por delante, para evitar “rozar cualquier obra”. Sin embargo, por el momento y ante esta situación, se está pidiendo que las mochilas se dejen en recepción, tal y como explica el responsable de Cultura e Innovación educativa de Fundación Caja de Burgos, Óscar Martínez. Además, se ha “reforzado la atención sin menoscabar la experiencia del visitante”.

“No hay miedo, pero sí una mayor preocupación. Uno no puede vivir ajeno a esta noticia y no tomar ninguna medida”, explica, señalando que sí que existe entre aquellos que están encargados hay siempre una “preocupación por una mejor conservación de las obras de arte”.

‘Preocupación’ es la palabra que también utiliza el director del Museo del Retablo de Burgos, Antonio García, para retratar la situación, especialmente por el “daño irreparable” que podría suponer para los retablos que allí conservan. Este Museo alberga una colección de retablos del siglo procedentes de diversas localidades de la provincia de Burgos, en los cuales se trabajó mucho para recuperarlos.

 

Ricardo Ordóñez / ICAL. Museo de la Evolución Humana

 

Apoyo a la causa pero no al método

Estas protestas han generado todo tipo de opiniones a lo largo del mundo, dado que las obras que se han visto expuestas son conocidas a nivel mundial y forman parte de la historia. El catedrático de Arte, René Payo, considera estas acciones como una “falta de sentido común”, y una manera de “poner en riesgo obras artísticas de primerísima calidad”. “Resulta tan absurdo como si un activista en pro del patrimonio encendiera un fuego controlado en un bosque en plena canícula, para llamar la atención sobre lo mal que está el patrimonio, poniendo en riesgo que el bosque pudiera arder”, señala.

De esta forma, explica que, aunque se ha demostrado que los activistas no quieren atentar contra las obras, sino solo llamar la atención sobre el cambio climático, “sí que las ponen en peligro”. “Todos estamos a favor de desarrollar políticas razonables desde el punto de vista del cambio climático y conservación de la naturaleza, pero no poniendo en riesgo otros valores”.

Palabras a las que se une el delegado diocesano de Patrimonio, Juan Álvarez Quevedo, que considera estas acciones como una “falta de respeto tremenda a la historia, al arte e incluso a los sentimientos religiosos”, y afirma que está “bien” que se manifiesten, pero cree que debería hacerse “de otra manera y en otro lugar, y no afectando al patrimonio que tiene una finalidad que ha costado mucho crear y conservar”.

Asimismo indican que estas acciones perjudicarán a los visitantes a los museos, especialmente aquellos que acudan a grandes museos, porque se incrementarán las medidas de seguridad tanto en el exterior como en el interior, lo que “ralentizará” la entrada a los museos.

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