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Los taxistas al pie del cañón

El sector cifra la caída de ingresos en torno a un 80% en Valladolid y resiste con una cuarta parte de su flota operativa para brindar a la población un servicio imprescindible para algunos usuarios

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La caída del volumen diario de carreras ha sido “brutal” después de que el Gobierno central decretase el estado de alarma por el impacto del coronavirus, pero el sector del taxi resiste en Valladolid al pie del cañón, para brindar a los usuarios que lo necesiten sus servicios. El presidente de la Sociedad Cooperativa Limitada Radio-Taxi Valladolid, Ángel Luis Lorenzo, subraya que de las 376 licencias que estaban operativas a comienzos del mes, “ahora mismo hay trabajando unos 125 coches en la calle, de los cuales el 60 o 70 por ciento están libres”.

“Somos autónomos y podría salir a trabajar toda la flota, pero la gente está concienciada y solo está saliendo a la calle una cuarta parte y de forma voluntaria. De esa forma el servicio sigue atendido. Hace unos días hablamos con el Ayuntamiento sobre la posibilidad de fijar servicios mínimos si fuera necesario pero al final no ha sido preciso, porque se sigue prestando servicio de forma normal, coches no faltan y el trabajo es el que hay”, señala.

Según explica en declaraciones a Ical, el cierre de la mayor parte de empresas y la severa restricción del movimiento ha hecho que sus potenciales clientes queden reducidos a gente que tiene que ir a los hospitales o a su trabajo y que no cuenta con medio de transporte propio. Como ejemplo, explica que tras la desaparición de todo modo de ocio y turismo en la calle, en la noche del pasado sábado la centralita solo gestionó 25 llamadas, cuando antes de esta situación el volumen podía multiplicarse “por veinte o treinta”.

Con todo ello, la facturación del sector se haya visto reducida “entre un 70 y un 80 por ciento”, ya que “se hace un servicio cada hora o dos, cuando antes en las horas punta, de entrada o salida del trabajo o de los colegios, se podían hacer tres o cuatro en una hora si se daba bien”.

En cuanto a las medidas de seguridad, los vehículos que siguen trabajando han adoptado las recomendaciones marcadas desde el Consistorio, de “extremar la limpieza de manecillas o cinturón de seguridad”, realizando además una desinfección entre cada servicio a base de productos basados en el alcohol. Además, se ha restringido el uso de los taxis a un único ocupante salvo excepciones por usuarios menores, mayores o con alguna minusvalía, que pueden ir acompañados.

 

Rubén Cacho / ICAL. El presidente de Radiotaxi en Valladolid, Ángel Luis Lorenzo

 

Responsabilidad social

Una de las trabajadoras que continúa al pie del cañón, como desde hace 23 años cuando empezó en el oficio, es Yolanda Rodríguez. No tiene licencia propia, sino que es asalariada, y confiesa que “nunca” había vivido una situación similar en el sector como la de estos días. “No tienes trabajo pero tienes que estar ahí, porque aunque en diez horas igual solo haces tres carreras, hay gente que realmente lo necesita”, subraya con gesto tenso.

Según explica, el sábado 14 de marzo, cuando aún no se había decretado oficialmente el estado de alarma (lo anunció esa misma noche el presidente del Gobierno) y Auvasa decidió suprimir el servicio de los autobuses urbanos desde las 14.00 horas, “había gente desesperada por la calle porque no sabían cómo llegar a los sitios”. “La gente tenía que llegar a trabajar, o ir a casa de su madre a atenderla, y no tenía manera de hacerlo. Ni siquiera llevaban dinero encima”, recuerda.

Ahora, desde su taxi, se siente juzgada en cierta forma por la gente que camina por la calle: “Hay quien te mira mal por estar trabajando”, explica, a la vez que manifiesta su preocupación por considerar que “la gente tampoco es muy consciente, ya que sigue saliendo”. “Ves a mucha gente andando, unos con bolsa y otros sin bolsa, unos con mascarilla y otros sin ella, gente joven y gente mayor… casi parece un día normal. Parece que no fuéramos conscientes de la situación, y que muchos pensaran que esto no les puede pasar a ellos”, lamenta.

En cuanto a las medidas de protección adoptadas en su vehículo, explica: “Los dos primeros días iba con mascarilla y guantes, pero ahora no tengo y no puedo seguir haciéndolo. Lo que hago es mantener las ventanillas abiertas, y cuando se baja un cliente limpio las manillas y donde han estado sentado o donde han podido tocar. Si me pagan con monedas les ofrezco gel desinfectante, pero más no puedo hacer”, reconoce.

Además, estos días reconoce cierta preocupación cuando suben a su taxi personas que le explican que tienen fiebre y que necesitan ir al hospital. “¿Qué haces? ¿No le llevas? Hay que hacerlo. La gente sube muy nerviosa. Cuando eso sucede luego intentas desinfectar bien todo. No somos profesionales de eso pero lo intentamos”, señala.

Estos días su rutina ha quedado “totalmente alterada”, desde los horarios, que se prolongan hasta el cierre de los supermercados, cuando “ya no queda ni un alma en la calle”, hasta las comidas, que ya no puede hacer en su casa para mantener el servicio. Pese a ello, la caída de ingresos que está padeciendo es “brutal”: “Hay días que no haces ni un cinco por ciento de lo que podías recaudar un día normal”, constata.

 

 

Una caída “abismal”

Otro compañero es Carlos Arranz, este sí, con licencia propia, que lleva 14 años al volante de su taxi. Para él, la situación actual “no tiene que ver con nada conocido, ni siquiera en los peores momentos de la crisis”. Para él, el descenso de clientes ha sido “abismal”, en torno al 80 por ciento, y en su caso ha decidido seguir trabajando estos días porque “los pagos siguen viniendo, no se cortan, y además el servicio hay que prestarlo, porque si no sería necesario implantar servicios mínimos”.

Enfermeras, médicos y gente que va a trabajar a primera hora son sus principales ocupantes estos días, y señala que el tránsito con mayores se ha visto notablemente mermado desde que se anularon las consultas de los centros de salud. En su caso, conduce con guantes y mascarilla y cada vez que un usuario baja de su vehículo repasa cada rincón con un producto desinfectante y papel de usar y tirar: puertas, tirador, pasamanos, cinturón y cualquier zona que él haya podido apreciar que era tocada.

“Expectante” ante la evolución de la situación, él, como Yolanda, prevé que el confinamiento se prolongue “más de lo que está previsto”, aunque reconoce no sentir “miedo” si alguno de sus clientes pueda manifestar síntomas al acceder al vehículo. “Soy una persona que procura no magnificar las cosas. No tenemos que ser alarmistas ni caer en el pánico”, desliza.

“Esto cambia cada poco y tenemos que adaptarnos a lo que haya. Mantenemos los servicios, la emisora sigue funcionando, y esperemos que la situación dure lo menos posible”, remata el presidente de Radio-Taxi, Ángel Luis Lorenzo.

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