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Luis García Jambrina: “El gran deber que tenemos con América es conocer la verdad y dejar de utilizar la conquista como arma arrojadiza” – HOY Castilla y León :: Noticias de Castilla y León
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'El manuscrito de aire'

Luis García Jambrina: “El gran deber que tenemos con América es conocer la verdad y dejar de utilizar la conquista como arma arrojadiza”

El escritor zamorano publica esta semana ‘El manuscrito de aire’, donde traslada a su Fernando de Rojas pesquisidor a la América de 1515 para “contemplar la realidad no desde los ojos de hoy, sino desde la perspectiva de los protagonistas”

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David Arranz / ICAL El escritor Luís García Jambrina por la publicación del libro “El manuscrito de Aire”

 

Tras casi ocho años de espera con respecto a la anterior novela de la saga, en enero de 2018 llegó a las librerías ‘El manuscrito de fuego’, la obra que continuaba las muy aclamadas aventuras del Fernando de Rojas pesquisidor creado por el profesor de la Universidad de Salamanca, Luis García Jambrina (Zamora, 1960). Ahora, tan solo año y medio después, el autor zamorano publica ‘El manuscrito de aire’, donde traslada al protagonista de esta serie a la América recién conquistada de 1515 para denunciar “los abusos y crueldades” que los encomenderos españoles cometieron sobre los indios taínos, pero también para reivindicar que la colonización española “tuvo la particularidad de los dominicos, que desde el primer momento defendieron a los indios de una manera clara y tajante”, dentro de un periodo poco divulgado de la Historia de España como fueron los primeros años tras la llegada de Colón a la isla de La Española en 1492.

 

Primera vez que su Fernando de Rojas, pesquisidor real, sale ya no solo de la provincia de Salamanca sino de España, y pone rumbo a la recién conquistada América. ¿Qué le llevó, como autor, a embarcarse en esta aventura americana?

Tenía ganas de sacar a Rojas de su escenario habitual y, en aquel momento, España está presente en muchos sitios y el foco de más interés es el Nuevo Mundo, que se acababa de descubrir algo más de dos décadas antes. Me parecía muy interesante que Rojas se enfrentara a ese nuevo mundo, a esa cultura diferente, y a ese paisaje y geografía tan distinta de la castellana y la española. Así que era un buen escenario para cerrar la tetralogía y dejarla, no obstante, abierta a otras aventuras de Rojas fuera de sus escenarios habituales, por Europa o por la propia península.

 

La novela implica la creación de muchos nuevos personajes, puesto que apenas repiten Rojas y fray Antonio de Zamora con respecto a los dos primeros manuscritos. ¿Cómo fue el proceso de generación de tantas identidades, y tan diferentes entre sí, de dominicos, taínos y encomenderos?

La Española es una isla que está dividida entre taínos, algunos de ellos bautizados y cristianizados, y españoles, que tampoco es un bando homogéneo. Están los encomenderos por un lado, el gobernador y el mundo que rodea al gobernador por otro, y los dominicos, que están enfrentados a esos encomenderos y a las autoridades porque, nada más llegar a la isla, se convirtieron en defensores de los indios de una manera clara y tajante. Eso es lo que más me interesaba y es algo de lo que deberíamos enorgullecernos, porque todo esto de la conquista de América tiene dos caras. Por un lado, tenemos a los conquistadores y encomenderos, con todas sus acciones sobre los indios, pero por otro están los dominicos que, con toda esa defensa muy firme y valiente que van a hacer de los indios, sientan las bases de lo que luego van a ser los Derechos Humanos. Y ahí situé a Rojas, moviéndose en Santo Domingo y alrededores, en las haciendas, en las minas y en una institución que fue muy relevante en ese momento como las encomiendas, donde a los indios se les sometía a un régimen de semi-esclavitud aunque eran súbditos libres. Me parecía muy interesante mostrar eso, mostrar la realidad, y que los lectores actuales saquen sus conclusiones. Porque creo que hay que superar de una vez la leyenda negra y la leyenda blanca, los intentos de oscurecer o blanquear la historia. Y contemplar esa realidad no desde los ojos de hoy, sino desde la perspectiva de los protagonistas y con la realidad de los hechos y las cifras.

 

¿Dónde comenzó a torcerse la conquista de los españoles en América? ¿Fue, precisamente, con las encomiendas?

Se torció ya con Colón, porque era un gran navegante y descubridor, pero no era un buen administrador ni gobernante. No sabía controlar a sus hombres ni supo gestionar bien. El primero que empieza a repartir indios entre sus hombres, para pagarles el sueldo o por los servicios prestados, es Cristóbal Colón. Es el primero que utiliza a los indios como moneda de cambio y eso dará base a las encomiendas. Así que las cosas se torcieron justo ahí.

 

¿Es partidario, entonces, de la corriente de quienes piensan que es necesario pedir perdón por la conquista y colonización de América?

No creo que se trate de eso. No rechazo ni estoy en contra de esta idea, pero para mí no tiene sentido. Porque, pedir perdón, ¿quién, a quiénes y por qué? Taínos, por ejemplo, no quedan. Además, no es momento de eso. Ya han pasado cinco siglos y se daría la paradoja de que personas que no tuvieron nada que ver con aquello le pidieran perdón a los herederos de quienes lo perpetraron. Creo que el gran deber que tenemos con respecto a la Historia, América y los indios que sufrieron la colonización es conocer la verdad y dejar de utilizar la conquista como arma arrojadiza entre leyendas negras y leyendas blancas. Ver con tranquilidad qué ocurrió allí y recuperar la historia de esos momentos. Muchos historiadores insisten, con ánimo de blanquear la colonización, que la mayor parte de los indios murieron de enfermedades. Eso es media verdad, porque esas enfermedades se cebaron con los indios por las circunstancias en que se vieron obligados a vivir. Si los sacas de su aldea, los llevas a otro territorio cuando estaban muy arraigados a la tierra, y los sometes a un régimen de trabajo al que no estaban acostumbrados ni es concebible para ellos, sucumben. Porque las condiciones eran tremendas. Así que hay que contar las cosas en toda su dimensión, la verdad al completo. Y reconocer que ni los malos eran totalmente malos, ni los buenos eran totalmente buenos. Todo eso aparece en la novela porque lo he sacado de las crónicas, cartas y escritos de esa época, tanto de los dominicos como de los cronistas que se oponían a esa visión. Ese es el deber que tenemos: interesarnos por lo que ocurrió, conocerlo en su integridad y, a partir de ahí, que cada uno saque sus conclusiones.

 

Precisamente, frente a la leyenda negra, en la novela sitúa a los dominicos y su labor de defensa de los taínos. Como dice Fernández Retamar, ¿“todas las conquistas tuvieron sus horrores, pero las demás no tuvieron a fray Pedro de Córdoba o Bartolomé de las Casas”?

Esa es la cita que lo resume todo. Y la encontré después, cuando tenía ya casi terminada la novela. La peculiaridad de la conquista de América es que, aunque tuvo abusos y crueldades como otras conquistas incluso posteriores de otros pueblos, tuvo la particularidad de los dominicos, que desde el primer momento defendieron a los indios, especialmente fray Antón de Montesinos y fray Pedro de Córdoba, que salieron del convento de San Esteban, en Salamanca, y escribieron ese maravilloso sermón de Adviento que aparece en la novela y en alguna de las crónicas de Bartolomé de las Casas. Me parece un documento importantísimo de la Historia Universal porque en él se ve la actitud de los dominicos cuando critican a encomenderos y autoridades por estar explotando y esclavizando con crueldad a los indios, y les recuerdan que son hombres y tienen ánima racional. Por eso no hace falta invocar los Derechos Humanos y la mentalidad progresista como la conocemos hoy, porque ya en esa época estaba en estos dominicos, que son un precedente.

 

¿Qué papel jugaron Salamanca y Castilla en la formación de las conciencias de esos dominicos que defendían los derechos de los taínos?

Es un papel importante, porque los primeros que fueron a América procedían del convento de San Esteban y la mayoría se había formado en la Universidad de Salamanca. Estamos hablando de personas que no solo se movían por buenos sentimientos, sino que tenían una gran formación, conocimiento jurídico, y no solo les preocupaba la salvación del alma de los indios, sino que comieran. Y muchos de ellos tuvieron también un importante papel en los productos que se llevaron allí, como la caña de azúcar y los plátanos. Eran frailes que no solo predicaban, sino que también daban trigo.

 

¿Habría que exigir a las instituciones que dieran más valor y divulgación a estos personajes históricos de la memoria de Castilla?

A eso es a lo que yo me refiero con conocer la verdad. No es solo investigarla, sino darla a conocer, difundirla. Y el mejor homenaje, lo mejor que se puede hacer por los indios que fueron sacrificados y murieron en ese periodo de conquista y colonización, es dar a conocer esto y, aquí en Salamanca, que tuvieran un reconocimiento en un lugar que fuera visible. Igual que hay una estatua de Francisco de Vitoria, debería haber una de fray Antón de Montesinos y fray Pedro de Córdoba, porque hicieron algo muy importante no solo para el tratamiento posterior de los taínos, sino para la Historia de la Humanidad. Y es que sin ese sermón de Adviento, quizá Francisco de Vitoria no hubiera desarrollado algunas de las ideas que dieron lugar a su Derecho de Gentes.

 

En la novela, es precisamente a través de los dominicos y de Fernando de Rojas como se consigue conocer a ese ‘otro’ que representan los taínos. Aunque situada en el siglo XVI, ¿cree que puede servir en el siglo XXI para aprender a conocer a ese ‘otro’, como reclamaban filósofos como Tzvetan Todorov?

Todorov, este gran profesor y pensador europeo, escribió un libro sobre la conquista de América que se subtitula ‘La cuestión del otro’ y creo que hay que ir más lejos todavía. No solo se trata de respetar al otro, sino de conocerlo en profundidad. Y es lo que busca Rojas en la novela precisamente, ese conocimiento del otro que es una forma de reconocer que el otro está también en uno mismo y que si reconocemos al otro, estamos reconociéndonos a nosotros mismos en él.

 

Con ese conocimiento del ‘otro’ que reivindica en su novela, ¿ha querido contribuir a una filosofía de aceptación y aprendizaje de la diferencia que se opone a lo que proponen partidos como Vox o políticos como Salvini?

Esta novela cobra mucho sentido en el contexto actual. No se puede prescindir del contexto en el que uno escribe, otra cosa es que el contexto contamine la novela. Pero se trata de que, una vez que has intentado acercarte a aquel mundo, que luego el lector pueda hacer analogías con el presente, sin decirlo de manera explícita. Por eso es fundamental el personaje de Rojas. Sigue siendo un pesquisidor pero aquí las pesquisas van mucho más lejos, porque es el que viene de fuera e intenta comprender ese mundo, entre otras cosas porque se enamora de una taína.

 

Es de hecho esta, además de historia e investigación, una novela de amor como forma de acercamiento a ese ‘otro’. ¿Es más necesario que nunca el amor en nuestros días para conocernos?

El amor es una buena vía de conocimiento. No hay una relación en la que se pueda llegar con más profundidad al conocimiento del otro, pero hoy en día se está perdiendo. El amor ha perdido interés por el otro y es una cosa cada vez más fría y egoísta. No quiero moralizar pero creo que es así. En cambio, en la novela Rojas va a ver en su amor por Higuemota una manera de redención, de encontrarle otro sentido a la vida, y de conocer. Porque Rojas, de la primera novela a la última, mantiene el deseo de conocer. Le interesa todo lo humano, y para él los taínos son seres humanos.

 

¿Volverá Rojas en otro manuscrito? Y, de ser así, ¿lo hará diferente en su visión del mundo tras ‘El manuscrito de aire’?

Sí, es una novela en la que se ve muy bien ese arco de transformación del personaje que va a ser radical, y a partir de ahí su vida no será la misma y verá las cosas con otros ojos. Precisamente, las próximas novelas que voy a hacer las voy a situar entre ese periodo posterior a 1515 y ese otro Rojas que conocemos de ‘El manuscrito de fuego’, el de la vejez y la época crepuscular que ya es un Rojas que está un poco de vuelta de todo. Y ya entendemos también porqué: por lo que le pasa cuando regresa del Nuevo Mundo. Porque ahí hay un proceso de transformación, de conocimiento, que también se aprecia en las otras novelas, pero aquí de una manera más marcada porque se junta todo: la pesquisa policial con el descubrimiento de un mundo que no conocía y, sobre todo, de la verdad que hay detrás de la conquista y la colonización de América.

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