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‘Nursing now’: la fuerza del cambio

El colectivo enfermero arranca 2020 con el propósito de romper su techo de cristal y lograr el reconocimiento definitivo de una profesión autónoma e independiente que tiene mucho por decir

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Miriam Chacón / ICAL Ana Belén Martín Santos, enfermera y responsable del Área de Humanización del Hospital Clínico Universitario de Valladolid; Cristina Rodríguez Torres, enfermera de Atención Primaria en el Centro de Salud de Íscar; junto al presidente del Consejo Enfermería de Castilla y León, Alfredo Escaja, y Begoña Franco Palacios, especialista en geriatría y responsable del Área Residencial de la Residencia Don Francisco Hurtado de Mendoza y Doña María Mardones, de Miranda de Ebro.

 

Se han cansado de ser La Cenicienta del sistema y no necesitan ningún príncipe azul. Lo tienen claro: son la fuerza del cambio y en este 2020 quieren mostrarlo sin complejos, dar visibilidad a un trabajo y a una profesión poco reconocida que pide a gritos un nuevo modelo asistencial centrado en los cuidados, y también un cambio de rumbo que pasa por poner al paciente en el eje del sistema. Sólo así se garantizarán sostenibilidad y calidad, más en una sociedad como la de Castilla y León, caracterizada por el envejecimiento de su población, crónica y pluripatológica.

En este Año Internacional de la Enfermería y la Matrona, ‘Nursing now’ llega para romper un techo de cristal y dar batalla para conseguir el empujón definitivo que reconozca que la profesión enfermera es autónoma e independiente, que tiene aún un largo recorrido y mucho por decir. “Tenemos una capacidad clara, la de dirigir el cuidado del proceso asistencial, y somos profesionales que trabajamos al lado de otros, los médicos, que no son ni nuestros jefes, ni dirigen nada, ni toman todas las decisiones”.

La campaña de empoderamiento del colectivo enfermero no es un “invento”, es una necesidad para la profesión que llega impulsada a nivel internacional por la OMS y el Consejo Internacional de Enfermería, en el año en que se cumple el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale, considerada la precursora de la enfermería profesional moderna. Y esto es lo que quieren reivindicar, que hace tiempo que se acabó la figura del practicamente, la del ayudante del médico, y de la enfermera formada por vocación en un convento.

” Hoy, más allá de la función asistencial, tenemos una función docente, investigadora y gestora. Somos profesionales altamente cualificados, con funciones además de generales, específicas y transversales, con actividad interdependiente, que no dependiente; una profesión ajena, autónoma y empoderada”, explica a Ical Begoña Franco Palacios, especialista en geriatría y responsable del Área Residencial de la Residencia Don Francisco Hurtado de Mendoza y Doña María Mardones, de Miranda de Ebro.

En ello coincide el presidente del Consejo de Enfermería de Castilla y León, Alfredo Escaja, quien reconoce que aún son una profesión joven pero con un potencial sin límites en cuyas manos reside promover la salud y prevenir la enfermedad, algo clave en un modelo con un futuro comprometido que pide a gritos avanzar también en cuidados.

 

Momento de empoderarse

No quieren que les regalen nada, lo defienden con su trabajo día a día, y su lista de reivindicaciones es extensa. Primero para los propios enfermeros, a los que advierte que es momento de empoderarse, segundo para administración, a la que proponen vías e instan a cambiar las reglas de juego, empezando por aplicar la directiva europea, de 2013 y de obligado cumplimiento, sobre el reconocimiento de las cualificaciones profesionales que dice: “La profesión de enfermero ha evolucionado considerablemente en los 30 últimos años: el desarrollo de la asistencia de proximidad, el recurso a terapias más complejas y la evolución constante de las tecnologías presuponen la capacidad de estos profesionales para asumir mayores responsabilidades”.

“Hoy casi todos los modelos occidentales se están convirtiendo en insostenibles. Se habla del fracaso del modelo inglés, que fue el que creó todos los modelos modernos actuales, y esto ocurre porque no hay dinero para pagarlo”. Por ello, explica Escaja, hay que trabajar por un empoderamiento del paciente, en una educación para la salud suficientemente buena para usar los recursos sanitarios con sentido común, y que vea que él es el responsable de su salud. “La salud no tiene precio, pero tiene un coste muy elevado, y si seguimos con un modelo caduco” su viabilidad está comprometida.

 

Servicios sociales

Desde el colectivo abogan por un mayor reconocimiento de la profesión en las residencias de mayores, donde están “sufriendo el hacerse responsables de unos lugares que son hospitales casi, sin que nadie lo tenga en cuenta”. Explican que hoy las residencias de mayores “son cien por cien asistidas, con un alto porcentaje de personas que no son mayores, sino pacientes”.

Mientras tanto, siguen siendo personal laboral, con lo que ello implica en incentivos, reconocimiento de tiempo trabajado y desarrollo laboral. “Somos pocos; tenemos poca presión social; no nos hemos sentido nunca representados ni por la parte social, ni por la Administración. Tenemos problemas serios de cobertura y falta de atención porque nadie quiere venir a cubrir nuestras plazas por estos motivos”, explica Beñoga Franco, quien recuerda que parte se debe a que los servicios sociales y la sanidad caminan por sendas distintas, en dos consejerías y no en una, como ocurre en la mayoría del territorio nacional, con la excepción de Galicia, Comunidad Valenciana, Canarias y Castilla y León. Y mientras tanto, son “los únicos profesionales con continuidad asistencial las 24 horas, y el pilar sobre el que se basa la atención y la calidad de estos centros”.

 

Autonomía en el trabajo

Desde Atención Primaria reivindican potenciar la autonomía a través de la enfermera gestora de la demanda y la enfermería domiciliaria; así como impulsar el modelo de atención al paciente crónico, teniendo en cuenta el grado de población envejecida, más en el medio rural. “Nos encontramos con pacientes que necesitan muchísimos cuidados y de calidad. Y esto se resuelve potenciando las competencias enfermeras -porque somos las directoras de los cuidados, sí o sí-, en su propio ámbito, en sus domicilios… De modo que podamos coordinarnos desde los centros de salud para que reagudicen en sus patologías crónicas lo menos posible, que es una forma también de evitar la entrada en el segundo nivel”, precisa Cristina Rodríguez Torres, enfermera de Atención Primaria en el Centro de Salud de Íscar (Valladolid).

“Estamos pasando de curar a cuidar”, y no se trata tanto de un problema de falta de médicos, como de pacientes mal atendidos, que mandan a quien pueden a por una receta, porque su patología no es nueva, y porque tienen falta de movilidad, depresión, el frigorífico sin un vegetal…”, añade Escaja. “El sistema y los pacientes están diciendo cosas distintas” y ha que incidir en ese giro hacia el cuidado.

Esta enfermera lamenta que algo tan básico como la promoción y la prevención de la salud no acabe de llegar para para cambiar actitudes en la vida de las personas. “Es necesaria una atención más profunda, con metodolologías más protocolarizadas y continuas. Tenemos que cuidar a los pacientes, para también enseñarles a ser autónomos. Eso nos falta, hacerle responsable de sus cuidados, y no se logra porque no tenemos tiempo”.

 

Reordenación de la sanidad rural

El plan de reordenación de la sanidad rural en el que trabaja la Consejería lo ven como algo “utópico” y “un parche” difícil de abordar, que tampoco solucionará nada. “Al final, el resultado será el mismo. La realidad indica que hay que modificar un sistema que está agotado”. “Hay que cambiar todo un sistema que lleva desde 1985, y es inviable. Porque el modelo que tiene Castilla y León es el de toda España, el de demarcación asistencial, y el cambio exige modificar decretos, la Ley de Ordenación del Sistema Sanitario; las plazas, el modelo de concursos… necesitarían hasta tres legislaturas para llegar a lo mismo. En Aliste -donde se pilotará el plan- lo que se necesita es ponerse duros y lograr que se trabaje de otra forma”, explican.

“Guste o no, todos tenemos los mismos derechos y que nos atiendan de igual manera con independencia del lugar. Y si se quiere mantener un modelo de 30 años, si no hay dinero es imposible. Esto va a ir in crescendo, y exige cambiar, con más cuidados y potenciando la residencias, que es donde todos vamos a vivir”. Es necesario un “cambio estructural”, aclaran desde el Consejo.

 

Hospitales: por complejidad de cuidados

Y si el modelo no sirve en Atención Primaria, tampoco es válido en Especializada, donde el colectivo apuesta por una organización de unidades por complejidad de cuidados, y no por servicios. “La carga asistencial es muy grande; hay plantas con muchísimos pacientes y tenemos que intentar desarrollar competencias enfermeras, y acabar con tanta dependencia del médico; la autonomía en nuestro propio trabajo”, que es algo que funciona con éxito en Irlanda desde hace 20 años.

“Que se necesitan más enfermeras, probablemente; que se necesita reorganizar el sistema en función de los cuidados del paciente, también”, añade Ana Belén Martín Santos, enfermera y responsable del Área de Humanización del Hospital Clínico Universitario de Valladolid. “Como profesionales tenemos que revalorizarnos, creer en nosotras mismas y saber que podemos dar muchísima calidad en la atención y que somos los que damos la atención excelente en los hospitales. La familia se queda con esa calidad y calidez de los cuidados que presta la enfermería”.

Además, apuesta por el desarrollo de consultas de enfermería, algo que ha empezado y que es vital para algunos pacientes, como quienes se han sometido a una ostomía o los pediátricos con patología crónica. “Hay consultas puntuales, pero aún no son una realidad por problemas burocráticos que te impiden llegar al final”, sentencia.

“Hoy el modelo te lleva a una rutina de trabajo que hay que romper, porque hay otra manera de trabajar y prestar cuidados. Somos la parte fundamental de la humanización del sistema sanitario; estamos a pie de cama las 24 horas, y somos los que más conocemos lo que necesita el paciente y su familia”.

 

Unidades de intervención rápida

Mientras, quienes trabajan en urgencias y emergencias, abogan, ante una demanda incontrolada, la puesta en marcha de unidades de intervención rápida, que funcionan en Madrid y se prueban en Galicia. Consisten en que un enfermero con un técnico de transporte sanitario acuden al domicilio de quien demanda atención urgente, como una necesidad sentida de que le atiendan, y puede tomar decisiones sin que haya un médico. Defienden que es una fórmula para evitar saturar los servicios de los hospitales, y también de garantizar en condiciones de igualdad la atención que precisa un paciente.

Estas demandas, que son retos, son sólo un punto y seguido de otras muchas asignaturas pendientes que tiene el sistema con un colectivo con vocación y tenacidad que no va a dejar pasar el tren y tampoco de luchar por el empoderamiento de los enfermeros innovadores; la promoción en puestos de responsabilidad y de toma decisiones; el impulso del modelo de atención al paciente crónico, y de su capacidad docente; su presencia en los centros educativos como promotores de salud y estilos de vida saludables; potenciar las especialidades; incentivar la excelencia profesional, y las competencias avanzadas.

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