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Papeles y trabajo para un sueño

La Fundación Red Íncola atiende a 2.500 inmigrantes al año en Valladolid, la mayor parte irregulares, con ayuda jurídica, escolar, de vivienda, formación laboral y aprendizaje de español

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Dos Santos / ICAL En la imagen la responsable de proyectos de la Fundación Red Íncola, Silvia Arribas (I), junto a la coordinadora de voluntariado y clases de español, Reyes Martín

 

“María, mi mujer, vino primero y acabó teniendo un contrato de trabajo legal, por lo que a los dos años quiso que nos reagrupáramos. Yo llegué luego como invitado y decidí quedarme porque estoy casado legalmente pero durante tres años las dificultades fueron máximas. Puede haber mil empresas que quieren contratarte pero no te dan la residencia legal antes de ese tiempo”, expone Juan Ramón, un compositor de música de Honduras que llegó a Valladolid con el deseo de tener papeles para alcanzar el sueño de traer a sus hijos y lograr una vida mejor que en su país.

Él es uno más de los alrededor de 2.500 inmigrantes con los que la Fundación Red Íncola -integrada por ocho congregaciones religiosas con personal propio y voluntariado- realiza cada año una labor asistencial. Actualmente cuenta con 15 técnicos contratados en diversas áreas y 400 voluntarios, 253 de los cuales colaboran todas las semanas en los distintos programas de acogida.

Las personas atendidas vienen desplazadas por guerras, pobreza o enfermedad y en buena parte su situación es irregular. Dependiendo de los convenios que España mantiene con sus países de origen, “durante tres años no existen para nadie y viven de la caridad extrema”, explican desde Red Íncola, y añaden que la media para conseguir la nacionalidad española de pleno derecho es de diez años.

Juan Ramón tuvo que sobrevivir años con el apoyo de los pocos ingresos de su esposa y clases particulares de guitarra. Un día estaba en un instituto, para el que compuso un himno, y entró la policía, le pidió una documentación de la que carecía y pasó unas horas en el calabozo. “No salió mal al darme un permiso de seis meses, pero luego me llegó una carta de expulsión del país. Hubo un juicio, mi esposa declaró y me dijeron que podía quedarme si llegaba un empleo”, expone.

Ahí empezó la labor de apoyo y formación de la Red Íncola al facilitarle un curso de formación en limpieza industrial con prácticas posteriores en una residencia de mayores. “Quedé bien y quisieron contratarme pero la documentación de residente legal tramitada aún tardaba. Ellos me hicieron un contrato entonces de 24 días para ayudarme y luego enganché seis meses en otro empleo. Al finalizar ese trabajo llamé a la residencia para decir que estaba disponible y empiezo de nuevo en breve por unos meses más”, comenta con una amplia sonrisa.

 

Rubén Cacho / ICAL Vitoria, inmigrante ucraniana residente en Valladolid

 

Ayuda en todos los trámites

Antes, y durante bastante tiempo, la fundación vallisoletana ha servido de ángel de la guarda en los trámites administrativos y jurídicos para reagrupar a la familia de María y Juan Ramón. El último en llegar fue Arturo, de 24 años, que está a punto de regularizar su situación de residencia, recibe un curso de soldadura para formarse y tiene una oferta de una empresa de hinchables. Antes lo hicieron Ana Ruth, de 17 años, y Sara, de 15 años, ambas escolarizadas. Otro de los obstáculos de Juan Ramón es la homologación del carné de conducir de Honduras ya que allí fue conductor de autobuses escolares, pero como con España no existe convenio debe obtener de nuevo el permiso.

“Nos han ayudado en la capacitación profesional, en los numerosos trámites y en la compra de libros para los estudios de las niñas, que tienen muchas actividades de apoyo. Siempre están con una sonrisa, los brazos abiertos y un gran interés por saber cómo nos encontramos e, incluso, han ayudado para que mi hija Ruth acudiese a un viaje de fin de estudios a Palermo”, resalta Juan Ramón, en alusión al trabajo solidario de los integrantes de la Fundación Red Íncola.

Silvia Arribas, responsable de proyectos de la ONG, precisa que cada una de las 2.500 personas atendidas durante el año en Valladolid tiene una situación distinta. Unas vienen solas y otras en familia al tener a alguien en España buscando oportunidades y muchas pidiendo asilo y refugio. “Cada vez hay más inmigrantes en situación irregular y padecen una exclusión grave”, sostiene, al no poder participar en la vida política, contar con una renta básica o tener el derecho a una vivienda digna por el alto precio del alquiler. En este ámbito se sienten aislados ya que muchas veces se les pide una fianza mayor cuando encuentran una casa por desconfianza al ser extranjeros.

Primero se trata de ver cada situación, si es de falta de formación para obtener competencias profesionales, empleo, vivienda o de búsqueda de una mejora para los hijos, que en buena parte de los casos llegan con ellos. “Tiras del hilo y ves que hay más necesidades, al estar el componente emocional y lo que han vivido. Parte de la documentación para acceder a algunos recursos no la pueden conseguir en sus países de origen y muchos no saben que tienen que pasar tres años para tener residencia legal y que los contratos deben ser de seis meses a un año mínimo y a jornada completa. También desconocen que para pedir una primera entrevista por asilo o refugio van a estar seis meses en situación ilegal”, concreta.

 

Dos Santos / ICAL El inmigrante hondureño Juan Ramón Velázquez

 

El problema del idioma

Además, en muchos casos, existe el problema añadido del idioma y, después de que una trabajadora social realice una entrevista con ayuda de intérpretes si es preciso, se lleva a cabo un diagnóstico. “Luego se les deriva a las clases de español y se les realiza una prueba, porque existe desde la alfabetización hasta lo que se puede denominar nivel 1. Todos los profesores son voluntarios y en buena parte jubilados. A medida que los alumnos avanzan van cambiando de grupo y están bastante comprometidos al ser el idioma un trampolín para encontrar empleo”, sostiene Reyes Martín, coordinadora de voluntariado y clases de español en la Fundación Red Íncola.

“Hay casos, por ejemplo el de muchas mujeres marroquíes, que son analfabetas en su idioma y a las que les cuesta mucho leer y escribir en español, aunque lleguen a hablarlo antes. En caso de algunos hombres, como llegan para trabajar, cuando les sale algo en la poda o la vendimia dejan el curso y, como coinciden en el empleo con gente de su país, hablan la lengua de origen y pierden lo aprendido en clase”, indica.

Vitoria, procedente de Ucrania, es uno de los claros ejemplos de quien precisa aprender español de inmediato para integrarse una vez que pudo salir de un país con conflictos políticos y salarios muy bajos para el alto coste de vida que existe. Tiene 35 años y se casó hace seis meses con un ciudadano comunitario búlgaro que lleva 16 años en Fuensaldaña (Valladolid) y al que conoció en su país al realizar rutas de transporte internacional.

“Al llegar, pese a tener residencia legal al casarme, fue duro al no entender nada de español, pero una vecina búlgara del pueblo me habló de Red Íncola para estudiar la lengua. Fui 15 años peluquera y ya tengo cita para una primera entrevista porque necesito un trabajo”, señala con satisfacción, al tiempo que sostiene que el entorno rural donde reside “es tranquilo y la gente es muy amable”.

Después de solo cuatro meses de estudio y mucho esfuerzo, Vitoria ha logrado progresos evidentes, incluso en la pronunciación, y ha conseguido defenderse con el idioma. “Mi profesor, Fernando, ayuda mucho y me anima a estudiar, busco en ‘google’ el significado de palabras y leo en el móvil y algún libro, lo que me sirve de gran aprendizaje. También la gente del pueblo me apoya y explica cosas del idioma cuando necesito algo”, indica.

En la Fundación Red Íncola el apoyo en el idioma y en la búsqueda de trabajo le ha servido para integrarse rápido. El siguiente paso de Vitoria ha sido traer a la hija de 15 años que tuvo en Ucrania de una relación anterior. Lleva tres semanas en Valladolid, y con mucho apoyo e ilusión como su madre, la primera barrera que tiene en mente superar para estudiar y formarse aquí será hablar español y ya está en ello…

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