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Soledad Dolorosa de Santa Eulalia (Segovia), entre la tradición y la historia

Según el acervo popular, únicamente la cara y las manos se salvaron de las llamas en el incendio en el hospital-iglesia de San Antonio Abad

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Patricia Martín / ICAL
En el denominado ‘Arrabal Grande’ de Segovia, en el barrio de Santa Eulalia, se halla la iglesia parroquial que le da nombre y en sus inmediaciones, se encontraba el hospital-iglesia de San Antonio Abad, donde se guardaba la imagen de la Soledad Dolorosa. La tradición cuenta que, a finales del siglo XIX, durante el novenario a San Anton, por culpa de unas velas se desató un incendio y milagrosamente se salvaron de las llamas el bellísimo rostro de la Virgen y las manos.

La historiadora del Arte, Mercedes Sanz de Andrés, sostiene que “la historia y la tradición forman parte de nuestro ADN cultural que se ha ido tejiendo en estos cien años de historia”, al cumplirse el primer centenario de la salida procesional de la Soledad Dolorosa.

Según la tradición, la iglesia de San Antón, de San Antonio Abad, sufrió un incendio quedando las paredes reducidas a ruinas. “Este incendio o destrucción de la iglesia pudo ocurrir entre la década de 1870 y la década de 1880 porque en 1887 ya se menciona el estado de ruina de las paredes con amenaza de desplome”, recoge la historiadora.

 

 

Esa misma tradición oral detalla que “el estado de ruina fue provocado por un incendio causado por unas velas mientras se celebraba una novena a San Antón. La imagen de la Soledad Dolorosa, en origen de talla completa, sufría las llamas consumiendo todo su cuerpo excepto la cabeza y las manos que pudieron salvarse del incendio”.

 

Estado ruinoso

Mercedes Sanz de Andrés bucea en los archivos para ir de la tradición a la historia. Así, gracias a Quirós Montero y Pérez Ruiz, sabemos que, en 1802, “tomó posesión de las rentas de este convento, un capellán jubilado de Artillería, con objeto de atender el mantenimiento del edificio, así como la atención espiritual del personal de la Maestranza”.

Además, a comienzos del siglo XIX, “el exconvento de San Antón se encontraba ocupado por un Batallón de Trenes de Artillería y la Compañía de Maestranza. El acuartelamiento se hallaba conformado en su mayor parte por el antiguo Hospital que ya entonces se encontraba en estado ruinoso”.

Un apunte más. Según consta en el Archivo Municipal, el 7 de noviembre de 1887, el Ayuntamiento de Segovia envía un comunicado al capellán castrense acerca del peligro que corren las paredes de la ermita de San Antón que se encontraban ruinosas. Ante el posible desplome, se solicita que se termine de hundir o que fuera reconstruida.

 

 

Años después, en febrero de 1904, se están realizado obras en este espacio ocupado “por la sección de tropa de esta academia antigua iglesia de San Antón” encontrándose restos humanos que fueron trasladados al cementerio municipal, tal y como consta en el Archivo Diocesano.

La mayor parte de las imágenes que se encontraban en San Antón fueron trasladadas a la iglesia de Santa Eulalia, entre ellas, la Soledad Dolorosa. “Histórica e iconográficamente, éste estilo clásico de imágenes de la Soledad, vestideras, corresponde al modelo creado por Gaspar Becerra de su Soledad para el convento de la Victoria de Madrid, en 1565”, detalla Mercedes Sanz.

Se tallaban únicamente las manos, cruzadas en actitud orante y la cara, “ligeramente inclinada con los ojos entornados y los labios entreabiertos”. En resumen, La Soledad Dolorosa es una imagen de vestir o de ‘candelero’ de finales del XVII o inicios del XVIII. “El trabajo del artista se limita al rostro y las manos. El resto del cuerpo es una estructura troncocónica que da forma a la parte inferior de la imagen incorporándose los brazos articulados de madera”.

 

 

Para describir a la Soledad Dolorosa de Santa Eulalia, hay que fijarse en “los ojos negros y hartos de llorar, su boca entreabierta, largas pestañas y mirada hacia lo alto, reflejan el dolor físico y el dolor espiritual de una madre rota por el dolor de su hijo muerto de la manera más inocente y cruel”.

En un inventario del Archivo Diocesano, de 21 de febrero de 1826, el teniente vicario castrense Manuel de Álvaro Benito relaciona todos los ornamentos e imágenes de la iglesia de San Antón ante notario, por motivo de la muerte del capellán castrense. Entre las imágenes que se citan en el inventario se menciona entre otras: “una estatua de Nuestra Señora de la Soledad vestida, con corona de plata”. En otro inventario, de 24 de julio de 1836, se cita además un palio y manto para Nuestra Señora de la Soledad.

 

Investigación abierta

Mercedes Sanz de Andrés avanza que otro de los datos en los que actualmente se está investigando es “la donación por parte de la marquesa de Torre Alta del que fue el primer vestido de la Virgen”. Seguir descubriendo la historia de La Soledad Dolorosa de Santa Eulalia, que este 2021 celebra el primer centenario de su salida procesional.

 

 

Hace un siglo, cuando se confirma la autorización por parte del obispo Manuel Castro y Alonso para su primera salida en procesión en 1921, el coadjutor de la parroquia Mariano Cañas pidió a la marquesa de Torre Alta, alguno de sus vestidos para ropaje de la Virgen. A lo que ella contestó: “Vestido de pecadora es indigno de la Virgen, por tanto, ninguno que yo haya llevado será para la Dolorosa, pero ésta no se quedará sin manto”.

Al poco tiempo regaló el que fuera el primer manto de la Virgen y un mandil de terciopelo. Para el historiador andaluz Alberto Martín Quirantes, el marquesado de Torre Alta, familia Avís-Venegas de Careaga fueron familias ligadas al gobierno municipal de Almería y tiene sus orígenes en los últimos sultanes nazaríes. A comienzos del siglo XIX, fueron titulados con el marquesado de Torre Alta, uniéndose sus sucesores a otras familias como los vizcondes de los Villares entre otros.

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