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Cuando tienes que cerrar antes de abrir

Una joven zamorana aplazó la inauguración de su pastelería y confitería, prevista para el fin de semana en el que se decretó el estado de alarma

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Solo quien tiene un negocio sabe el sacrificio que conlleva. Cualquier persona que decide ser emprendedora, tenga la dimensión que tenga su empresa, sabe lo difícil que resulta sacar adelante una actividad por cuenta propia, los sinsabores y el coste emocional que supone.

Quizá haya una pequeña parte de empresas en las que todo fluye sin aparentes quebrantos pero lo habitual es dejarse la piel y el ánimo para mantener la rueda girando. La zamorana Sara de la Granja llevaba muchos meses poniendo los medios, la financiación y el esfuerzo para poder abrir ‘La Golosa’, una pastelería y confitería muy especial llamada a endulzar la vida de Zamora desde el Casco Antiguo de la ciudad.

Lo que jamás pudo imaginar Sara es que un virus iba a impedir la apertura del negocio, prevista para el viernes, 13 de marzo, en medio de una situación insólita de crisis sanitaria y de confinamiento domiciliario tras decretarse el Estado de Alarma, que se materializó ese mismo fin de semana.

Sara de la Granja Gallego nació en Zamora hace casi 29 años, estudió Magisterio de Educación Infantil y decidió que quería montar su propia empresa. Se muestra resuelta, serena y risueña, a pesar de la tremenda contrariedad que el azar ha reservado para su iniciativa empresarial y del reto que supone aguantar el envite.

“Soy una persona alegre y procuro buscar lo positivo. Esto ha sido difícil desde el principio. Un año de peregrinaje. Al menos, tuve la suerte de que, cuando empezamos a entregar el proyecto, el Ayutamiento de Zamora metió gente y el proceso fue bastante ágil, mucho más de lo que esperaba. El problema lo tuve con algunas empresas que me lo retrasaron todo”, relata, en alusión a aspectos como la insonorización del local, algo “imprescindible, según la normativa”, aunque “hacer un bizcocho no sea ruidoso, precisamente”.

 

 

Inauguración

La inversión para montar La Golosa, que se acerca a 100.000 euros, quedaba sustentada por el esfuerzo personal, el endeudamiento y las ganas de trabajar y asentarse en el sector, lo que parecía más que suficiente para asegurar el arranque y la viabilidad del proyecto.

“El jueves, día 12, estuvimos en el local e hicimos unos cuantos dulces para la inauguración y mi padre comentó que unos amigos se iban a quedar en el pueblo porque no querían correr riesgos y que la inquietud estaba en el ambiente y habló de la posibilidad de aplazar la apertura pero mi madre y yo dijimos que no”, recuerda. “Ese mismo día empezó a decirse que nos quedáramos en casa y el viernes por la mañana ya vi que la cosa no iba bien y decidimos aplazarlo. Está claro que hicimos bien porque no tenía sentido abrir y cerrar el mismo día”, reconoce.

La empresaria lamenta no haber tenido “ni siquiera la oportunidad de darnos a conocer” pero, después de haber esperado tantos meses, se podía aguardar más tiempo, aunque adobado por la incertidumbre que marca a propios y a extraños en el ámbito mundial. “Se me vino todo abajo y acabé llorando y todo. Da mucha rabia tenerlo todo listo y tener que pararlo. Tenía de todo para la inauguración. Estábamos haciendo mousses para la inauguración y eso aguanta muy poco. Había pedido toda la fruta, tenía un montón de suministros, quesos y nata”, enumera. “Hemos dejado cámaras encendidas para que el material no se estropee”.

En cualquier caso, la mala fortuna de la pastelería que quiso abrir y no tuvo la oportunidad ha recibido una considerable atención social y ha corrido de boca en boca, de manera que, aunque La Golosa no llegó a inaugurarse, ya se ha convertido en marca para sus potenciales clientes. “Mucha gente me ha dicho que no me preocupe que, en cuanto abra, van a pasar por aquí”, asegura.

“Cuando empezó el boom de las tartas decoradas, como me gustan las manualidades y la repostería, empecé casi por casualidad y mera afición. Hacía tartas y cupcakes para familiares y amigos y, como les gustaba, me animé”, explica. “El magisterio me gusta pero no las oposiciones, así que tomé la decisión de montar mi propio negocio en vez de dedicar años a preparar un examen”.

 

 

Autodidacta

Sara había recibido de su madre algunas nociones de cocina, con las que sentó las bases de una habilidad que fue creciendo de forma autodidacta. “Ahora vivo con mi pareja y suelo cocinar yo pero, cuando vivía con mis padres, cocinaba mi madre, que fue quien me inculcó el interés por la cocina. Hacía bizcochos, madalenas y repostería tradicional. Siempre había algo”, comenta.

En los tiempos que atraviesa la cocina, en los que se antoja todo un reto hacer la cena si acaba de terminarse el nitrógeno líquido y ya no queda ni pularda ni trufa blanca en la cámara, la duda reside en si La Golosa apuesta por la tarta casera de toda la vida y el bizcocho de yogur con ralladura de limón o alardes como un croquembouche o esa retahíla de pasteles imposibles -y, en buena parte, incomestibles- basados en el fondant

“Depende de la ocasión. Para mi consumo, soy más de bizcocho tradicional pero si tienes una ocasión especial y lo haces bien, una tarta sofisticada puede ser preciosa y saber maravillosamente”, aclara. “Por ejemplo, el fondant me parece únicamente decorativo. Mis tartas no están recubiertas de fondant, sino que llevan bizcocho normal con relleno normal y van cubiertas de una crema con chocolate y mantequilla, aunque ponga algunas figuritas de fondant. Es que si la recubres, encarece la tarta, no te lo vas a comer y termina en la basura”.

La Golosa ofrecerá mousses de chocolate, fresa, chocolate blanco, chocolate con frambuesa; tarta de queso, tarta de zanahoria, tiramisú casero, hojaldre de manzana con crema, galletas de diversos tipos -desde mantequilla y prensadas con dibujos hasta de avena, pasando por cookies y pastas finas- cake pops (con aspecto de chupachups pero de bizcocho con cobertura) para niños, donuts, napolitanas y cruasanes, entre otras muchas delicias. “Todo es casero, excepto las napolitanas y los cruasanes, que no nos vamos a engañar”, bromea.

El local, de 150 metros cuadrados, que está en el número 4 de la calle Flores de San Pablo, en una zona muy transitada de la capital zamorana, destinará parte de su superficie a servir café, té, batidos, refrescos y helados para unas 30 personas. “Tenemos productos y precios acordes con la media de Zamora. Por ejemplo, las mousses valen 1,80 euros y una porción de tarta, tres euros aunque, si la tomas con café o refresco, sale todo a cuatro euros”, detalla.

La empresaria tiene consigo a su hermana, a la que se dio de alta en la Seguridad Social y, casi inmediatamente, de baja, ante la imposibilidad de abrir el negocio y la consecuente falta total de actividad durante un período cuya duración nadie puede predecir. “En cuanto al local, tengo la suerte de que, cuando empezamos con las obras, nos dieron varios meses de carencia y tenemos un pequeño margen para los pagos del alquiler”, apunta. “Ahora, toca tener ánimo y paciencia y, en cuanto sea posible abrir, hacerlo todo lo mejor que podamos y cumplir con las expectativas que tiene la gente sobre La Golosa”, concluye.

 

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